Antes de que comience el movimiento habitual de Encarnación, Susana Lima, más conocida como “Susi”, ya tiene parte de su jornada cumplida. En su casa de San Juan del Paraná prepara milanesas para los sándwiches que llevará hasta la colorida capital de Itapúa. Con 35 años, esta madre convirtió una actividad propia en el principal sustento de su hogar y en un medio para acompañar la educación de sus dos hijos.
Su rutina comienza en la madrugada y después de preparar los alimentos sube a su motocicleta y recorre unos 20 kilómetros hasta el punto donde trabaja, en la confluencia de las avenidas General Caballero y Coronel Luis Irrazábal, con la ruta nacional PY06 Doctor Juan León Mallorquín. Allí permanece desde las 8:00 hasta las 11:00, así empezó contando su historia a La Tribuna.
Susi tiene una hija de 17 años, que está culminando la secundaria y un hijo de 12 años, que cursa la primaria. Su propósito es acompañarlos hasta la universidad y para reforzar sus ingresos también trabaja como limpiadora por las tardes.
Una trayectoria de cambios
Comenzó su actividad en 2025, con varios tropiezos y decepciones al no lograr sus objetivos. “Trabajé como vendedora de remedios yuyos y tereré. Tenía un puesto en San Juan del Paraná, pero era una actividad que se limitaba solamente a la temporada de verano. Entonces tenía que buscar otras opciones”, contó.
Ante esa limitación, desde este año, incursionó en la venta de verduras pero ya en la ciudad de Encarnación, donde el movimiento comercial era favorable, pero el traslado representaba una dificultad importante. “Me iba bastante bien, pero era una tarea muy esforzada porque transportaba pesadas bolsas en mi pequeña moto y era complicado y peligroso hacer ese viaje desde San Juan”, relató la mujer.
Luego, conoció a María Gómez, quien también se dedicaba a la venta de alimentos en la misma zona, y le propuso probar con la venta de los sándwiches. Susi comenzó trabajando para ella y luego pasó a desarrollar el emprendimiento por cuenta propia.
Cuidado y confianza
El nuevo rubro le exigió capacitarse en manipulación y presentación de alimentos para obtener una certificación que le permitiera comercializar en la playa encarnacena en la temporada de verano. “Se presentó la oportunidad, me capacité y empecé a trabajar”, señaló.
Susi aseguró que la higiene forma parte de su rutina. La presentación de los sándwiches envueltos en papel transparente para protegerlos y su propia apariencia personal generaron la confianza suficiente de los comensales que diariamente detienen la marcha para adquirir el alimento. “La gente muestra confianza al comprar cada sándwich. Vendo un promedio de 30 unidades por día”, comentó.
Finalmente, la mujer afirmó que los desafíos se convirtieron en fortaleza para seguir aprovechando las oportunidades que le permiten sostener su hogar.


