La perrita acompañó durante varios días a quienes visitaban la embarcación y recibió un nombre que rápidamente se volvió familiar entre los marinos.
El problema llegó cuando el buque tuvo que regresar a Asunción. Maruca no pudo subir a bordo porque no se llevaba bien con los gatos que ya formaban parte de la tripulación, por lo que se quedó en el muelle mientras la embarcación zarpaba.
La imagen de la perrita, con evidente desánimo, llamó la atención y su historia comenzó a circular en redes sociales. El caso llegó a oídos del ministro de Defensa, general (R) Óscar González, quien dispuso que se hiciera todo lo posible para ubicarla y darle un hogar seguro.
Cuando el personal naval regresó al lugar, Maruca ya no estaba. La búsqueda se extendió hasta el atardecer, cuando finalmente lograron hallarla en los alrededores del puerto.
Actualmente, la perrita tiene un hogar definitivo en la Base Naval Mboi Ka’ê, en Encarnación, bajo el cuidado del capitán de navío Livio Duarte, prefecto de la zona y comandante del Área Naval de Itapúa, quien le tomó un cariño especial.
Así, la historia que comenzó con una perrita callejera en un muelle terminó con una nueva integrante de la familia naval.


