En pleno centro histórico de Asunción, la Recova (Colón entre Benjamín Constant y Presidente Franco), atraviesa una transformación que busca recuperar su esencia sin borrar la actividad comercial que la mantuvo viva durante 148 años. Su construcción comenzó en 1861, durante el gobierno de Carlos Antonio López, pero primeramente funcionó como oficina de Aduanas, hasta que en 1878 comenzó su transformación hacia un espacio predominantemente comercial.
Con el paso del tiempo, se convirtió en uno de los puntos tradicionales para la venta de artesanías y productos nacionales. Ahora, el Corredor de la Recova forma parte del programa Tekorenda, de la Secretaría Nacional de Cultura, que cuenta con cooperación de Itaipú Binacional, el Parque Tecnológico Itaipú, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para restaurar y poner en valor ocho sitios patrimoniales del país, entre ellos la Recova.
Refaccionarán fachada y galerías exteriores
La intervención comprende el corredor de uso público, las fachadas, galerías, pisos, revoques, molduras, iluminación y condiciones de accesibilidad. No incluye el interior de los locales privados. En su proceso de revitalización, la Recova recuperará partes originales de su infraestructura, como sus pisos coloniales, y los propietarios estarán obligados a mantenerla.
La coordinadora general del programa, Cinthia Melgarejo, explicó a La Tribuna que la Recova tiene una condición público-privada, pues una parte pertenece al Estado, a través de la Prefectura Naval, y otros siete salones pertenecen a dueños privados.
Mientras avanzan las obras, los comerciantes fueron trasladados temporalmente al Centro Cultural del Puerto (Stella Maris y Río Blanco).
Mudanza fue un desafío para los comerciantes
Claudia Grassi, una de las locatarias, contó que la mudanza a comienzos de agosto fue un desafío, pero con el transcurrir de las semanas lograron adaptarse. Sus muebles y mercaderías permanecen en los locales originales; por tanto, van trayendo productos según la demanda de los clientes.
La permanencia de estos vendedores en la Recova por tantos años, a pesar del decaimiento comercial que sufrió el centro de Asunción, tiene una razón que va más allá de las ventas. “Somos familia”, afirmó Grassi, quien atribuye la resistencia que tuvieron al amor por la artesanía y al sentido de pertenencia al corredor. En su caso, su negocio cumplirá 93 años y, según relató, fue el primero de artesanía paraguaya fundado en el país por inmigrantes italianos.
Las comerciantes esperan regresar a la Recova en diciembre, aunque todavía no hay una fecha exacta. Según expresó Claudia, volver significará reencontrarse con una parte de su historia y recuperar el lugar donde construyeron sus propios relatos.
El acuerdo contempla además un manual de mantenimiento que guiará a los locatarios sobre cómo conservar el inmueble una vez que esté restaurado. La apuesta es recuperar el valor patrimonial de la Recova sin quitarle su artesanía y sobre todo, a las personas que hicieron de este corredor un lugar con identidad propia.

