La historia de Esteban Gómez (22) hacia Taiwán comenzó mucho antes de pensar en un viaje de más de 19.000 kilómetros. En 2022, mientras cursaba el último año en el Colegio Técnico Nacional, ya tenía claro que quería seguir vinculado a la electromecánica.
La electricidad le gustaba, pero la automatización era lo que más le apasionaba. Podía pasar horas haciendo circuitos de mando y armando tableros de arranque para motores. “Para mí no era simplemente una materia de colegio, era algo que realmente disfrutaba”, contó en un video publicado en sus redes sociales.
En el año 2023 llegó el momento de hacer su primer intento de ingresar a la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay (UPTP), pero no lo consiguió, y le dolió mucho. “Reboté”, recuerda al hablar de ese episodio de su vida. Fue un trago amargo, porque era algo que realmente quería, pero decidió no quedarse quieto.
El primer no como impulso para mejorar
Durante ese año trabajó y estudió una tecnicatura superior en Electricidad. Siguió preparándose y, con determinación, volvió a presentarse al examen del año 2024. No rendirse valió la pena, porque esta vez sí ingresó.
Así comenzó su camino como estudiante de Ingeniería Electromecánica en la UPTP. Al comienzo de la carrera le dijeron que tendrían la posibilidad de continuar una parte de su formación en Taiwán, con materias y prácticas de laboratorio.
Pero aunque tenía esa información, durante mucho tiempo, ese país había sido para Esteban algo que se sentía lejísimos. De hecho, mira hacia atrás hoy y no puede creer que en los primeros días de septiembre volará 19.000 kilómetros para llegar a la ciudad de Taipéi, que lo albergará durante un año mientras se profesionaliza con altos estudios en la Taiwan Tech University.
“De repente, me di cuenta de que aquello que había empezado en 2022, cuando era simplemente un chico soñador, me estaba llevando al otro lado del mundo”, expresó.
“Nos vemos en Taiwán”
Esteban es el ejemplo vivo de que no hay que rendirse ante el primer no que nos da la vida. Aquel primer intento fallido no significó para él el final, sino que le dio más fortaleza. Le proporcionó un año más de preparación y experiencia y, cuando le tocó volver a rendir, estaba mucho más seguro. “Esta es la historia de cómo llegué hasta acá. Ahora sí, nos vemos en Taiwán”, dijo entusiasmado el joven. Antes de despedirse, adelantó que continuará grabando videos periódicamente para mantenernos al día sobre su aventura académica en la isla.


