En la fecha se recuerda la festividad de Santa Rosa de Lima y el Día del Agente de Policía. En conmemoración, en la Catedral de Encarnación se celebró la misa de Acción de Gracias, con presencia del ministro del Interior, Enrique Riera Escudero; el viceministro de Seguridad Interna, Carlos Benítez; el comandante de la Policía Nacional, César Silguero, y otros integrantes de la institución policial.
La conmemoración del 30 de agosto representa una jornada de reconocimiento a quienes cumplen funciones de seguridad y protección de la ciudadanía. La fecha también constituye un espacio de reflexión sobre la responsabilidad, la entrega y el compromiso que implica el servicio policial.
Santa Rosa y su vínculo con la Policía
El vínculo de Santa Rosa de Lima con la Policía Nacional tiene antecedentes históricos, así lo explicó el padre Pedro Celestino Brítez, párroco de la Catedral de San Lorenzo. El religioso explicó que el 30 de agosto fue establecido como Día del Agente de Policía mediante el Decreto Nº 14.704, del 13 de junio de 1939. Posteriormente, el 25 de agosto de 1953, Aníbal Mena Porta, entonces arzobispo de Asunción, la designó patrona celestial de la Policía de la capital y sus dependencias.
La elección de la santa estuvo relacionada con su espíritu de sacrificio y conducta moral. Brítez señaló que el patronazgo también plantea una orientación para quienes ejercen la función policial. “Su patronazgo expresa también una misión, que quien sirve en la Policía sea custodio de la vida, del orden, de la seguridad y especialmente de los más vulnerables”, afirmó.
Según el sacerdote, esa tarea debe desarrollarse con rectitud, justicia, entrega y espíritu de servicio. “Quien sirve en la Policía debe ser custodio especialmente de los más vulnerables ejerciendo su deber con rectitud, justicia, entrega y espíritu de servicio”, sostuvo.
Santa Rosa, una vida marcada por la fe y el servicio
El padre Pedro Brítez también explicó que Santa Rosa de Lima, cuyo nombre era Isabel Flores de Oliva, nació en Lima en 1586 y murió en 1617, a los 31 años. “Desde muy joven sintió una profunda vocación de entregar totalmente su vida a Dios”, señaló el religioso.
Como laica consagrada y terciaria dominica, Santa Rosa hizo de la oración, la contemplación, la penitencia y el servicio a los pobres y enfermos el centro de su vida. Su carisma estuvo marcado por el amor a Cristo y por reconocerlo en las personas que atravesaban situaciones de sufrimiento.
El padre Brítez recordó además que “fue canonizada en 1671 por el papa Clemente X y se convirtió en la primera santa de América. Es reconocida como patrona de América y de diversos pueblos e instituciones”.
“Su vida sencilla nos recuerda que la verdadera santidad se expresa en el amor, el sacrificio y el servicio concreto al prójimo”, expresó finalmente el religioso.


