Sixto subió al cañonero Paraguay y se reencontró con su historia

Después de varias décadas, Sixto Bogado regresó al cañonero Paraguay, gemelo del cañonero Humaitá, donde se desempeñó como marinero en su juventud. Llegó con su libreta militar bajo el brazo y recuerdos intactos de una época marcada por la disciplina, las guardias y el orgullo de servir a su patria.

| Por La Tribuna
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.Don Sixto Bogado animó a los jóvenes a hacer el servicio militar, pues esto forma el carácter y los hace hombres diferentes.Gentileza

A los 95 años, Sixto Bogado subió al cañonero Paraguay, buque gemelo del cañonero Humaitá, barco donde sirvió a la Armada Paraguaya como marinero de la remesa 1950 reserva 1952 durante su juventud. Pasaron siete décadas desde la última vez que estuvo a bordo, en el año 1952, y, aunque nunca más subió, cada vez que viajaba a Asunción miraba el barco de lejos, recordando sus años de aventura y disciplina.

Esta vez, el encuentro fue diferente. El exmarinero llegó acompañado por sus familiares y fue recibido con orgullo por las autoridades militares que hoy custodian la memoria del buque. Con sus avanzados años, tiene olvidos comprensibles, pero hay una cosa que no olvidó en esta visita: su libreta del servicio militar. La trajo bajo el brazo, junto con algunas anécdotas simpáticas de sus años mozos que compartió con los actuales comandantes. El documento que exhibió con orgullo conserva las firmas de los jefes de aquella época y representa un valioso testimonio documental de los años que dedicó a la Armada Paraguaya.

Rememoró sus tiempos de centinela

Si bien la edad hoy le representa algunas dificultades de movilidad, su lucidez mental se mantiene intacta. Emocionado, recorrió la cubierta, el puente de mando y recordó las largas madrugadas en las que tenía que ser centinela. “Caminaba de un lado a otro, tenía que estar bien despierto porque el comandante nos controlaba”, cuenta. Y aquella disciplina fue parte de su formación no solo para esa época, sino para construir el espíritu con el que afrontaría toda su vida.

En el Humaitá encontró compañeros, vivió bromas y también recibió un ascenso a cabo segundo. “Siempre me gustó ser disciplinado”, recordó. Antes de bajar de la embarcación, recibió presentes del Área naval de Itapúa y de la Flota de Guerra. Pero el regalo más grande fue reencontrarse con un lugar que había permanecido en su memoria durante décadas.

“Yo nunca esperé que me reciban así”, dijo emocionado, y antes de despedirse dejó un mensaje a los jóvenes para que se presenten al servicio militar. “Vengan a servir a su patria. Esta experiencia nos hace conocernos a nosotros mismos, nos convierte en hombres de verdad, diferentes”, expresó don Sixto.

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