El “Caskuchi” es el resultado que reúne el trabajo de artistas, artesanos y arquitectos paraguayos y será elevado en el podio del ueno Rally Paraguay 2026. La edición número 11 del campeonato mundial será del 27 al 30 de agosto en Itapúa.
En el barrio San Rafael de la ciudad de Tobatí, departamento de Cordillera, la tradición alfarera encontró proyección internacional. De las manos de Sandra Paiva y su familia nació una pieza inspirada en un cántaro emblemático, convertida en reconocimiento para los protagonistas.
El trabajo comenzó cuando el Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA) comunicó a la artesana, en mayo de este año, que el certamen volvería al país y le encomendó la fabricación. Paiva produjo 28 unidades para el 2025 y recibió el pedido de 50 para esta edición.
El IPA solicitó tres modelos de cántaros de diferentes dimensiones antes de definir la forma definitiva. “Me pidieron tres medidas, sobre esas matrices fuimos puliendo los detalles. Desde el IPA vinieron y trajeron el casco de los competidores y me dijeron que el trofeo tenía que ser una mezcla entre el casco y el cántaro”, explicó Paiva.

Primero incorporaron una visera en la boca del cántaro, luego modificaron elementos hasta llegar a una composición con una abertura actual. “Los cortes no debían tener esquinas sino curvas. Fue un trabajo minucioso”, señaló.
La fusión perfecta
“Caskuchi” fue escogido por los organizadores como fusión entre casco y kambuchi, nombre guaraní del cántaro. El diseño conceptual correspondió al artista Rolo Ocampos, con una unión entre motores, tierra roja y cultura guaraní.
La materia prima es ñai’ũ, el barro negro extraído de una cantera de Tobatí y mezclado con arcilla. Cada unidad pasa por preparación, modelado y secado, antes de ingresar al legendario horno paraguayo, el tatakua. Las unidades fueron entregadas en color natural y la organización incorporó acabados con madera y metal. Las bases fueron diseñadas por Carlos Cáceres y las placas corresponden a Joyería Alegre.
La tarea involucró a toda la familia. Vicente y Ana, hijos de Sandra, colaboraban después del colegio; Presentación, su madre, ayudó en el modelado y César, su esposo, tuvo a su cargo la cocción. “Fueron muchas horas de trabajo que hoy nos llenan de orgullo”, manifestó. La familia produce cántaros, cazuelas y otros utensilios.
El cántaro ocupa un lugar singular en la cultura paraguaya. Durante décadas fue utilizado como bebedero artesanal porque permite conservar fresca el agua para el consumo. Con el tiempo también se incorporó a la ornamentación, sin perder su vínculo con la vida cotidiana.



