Una familia convirtió trabajo en arte y cumplió los sueños de sus dos hijas

Con G. 2 millones prestados por sus padres, Irma Galeano compró una máquina y telas para iniciar una producción. El primer intento de venta fracasó, pero esa desilusión transformada en fortaleza logró construir un negocio próspero que hoy genera fuentes de empleo en la comunidad.

| Por La Tribuna
Agregar La Tribuna en
Desde un pequeño taller, un oficio manual creció y logró sostener empleos y apoyar la formación profesional de sus hijas.

Los sueños profesionales de sus hijas crecieron junto a una iniciativa nacida en su humilde vivienda y que se convirtió en sustento del hogar. El esfuerzo compartido consolidó una actividad dedicada a las prendas para danza paraguaya y respaldó estudios escolares y universitarios.

Irma, oriunda de Cañada Ybytymí, departamento de Paraguarí, vive actualmente en el barrio Cañada San Rafael de Luque. El emprendimiento comenzó con pocos recursos. Hace 20 años, recibió de sus padres G. 2 millones, de los cuales destinó G. 800.000 a la compra de una máquina de coser y los G. 1.200.000 restantes a insumos.

“Volví a mi casa y guardé la plata que me prestó papá. Después le conté a mi marido y fuimos al Mercado 4 para comprar los materiales y comencé a hacer 20 unidades de polleras de danza. Fui otra vez al mercado para vender y nadie quiso comprar, y volví muy desilusionada”, recordó Irma.

En una segunda visita, una vendedora adquirió una prenda “para darle suerte”. Con esa operación, Irma buscó otro punto y consiguió colocar las unidades restantes. El dinero obtenido volvió para la compra de más insumos. Así, de aquellas primeras 20 polleras, hoy produce más de 500 por semana en los períodos de mayor demanda.

La familia emprendedora mencionó que la mayor producción se concentra en mayo, junio y agosto, por fechas festivas. En esos meses, las jornadas comienzan temprano y se extienden hasta la medianoche. La pollera tricolor, en rojo, blanco y azul, es la más solicitada. Los productos llegan al Mercado 4, Ñemby, Limpio, Luque, Villarrica, San Juan Nepomuceno y Santa Rosa.

Una labor que unió a varias generaciones

El crecimiento estuvo acompañado por Guido Sanabria, esposo de Irma y mecánico de profesión, quien dejó su empleo para respaldar la iniciativa y actualmente se encarga del corte de las polleras, además de otras labores. La actividad genera empleo para seis personas de la comunidad.

La hija mayor, Aida, se acercó al oficio cuando tenía 9 años. Primero observaba a sus padres y luego aprendió a utilizar la máquina. La misma se recibió hace un año de licenciada en Instrumentación Médica. Su esposo, Abraham, se sumó al emprendimiento y hoy es licenciado en Administración de Empresas. Yanina, la hija menor de Irma, además de ayudar en el taller sigue sus estudios secundarios.

Luego de años de sacrificio, la familia construyó un salón en su domicilio, donde comercializa polleras y complementos del vestuario típico paraguayo, como la faja, flores y peinetas. La confección se convirtió en sustento y en respaldo para cumplir metas. Hoy es un orgullo familiar.

También te puede interesar

Últimas noticias