Una ciudad justa también debe garantizar derechos del caminante

El arquitecto urbanista Ricardo Meyer advierte que el deterioro de las veredas, la falta de rampas y semáforos peatonales convierten el desplazamiento cotidiano en un problema de acceso al espacio público, sacando derechos al caminante y con mayor impacto para quienes tienen movilidad reducida.

| Por La Tribuna
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Para Meyer, la gran apuesta que deben hacer los municipios del área metropolitana es que la ciudad vuelva a moverse a pie.

Caminar por la ciudad debería ser una de las formas más simples de desplazarse, pero recorrer una vereda en el departamento Central hoy es un desafío. El arquitecto urbanista Ricardo Meyer sostiene que la principal deuda urbana con el caminante está en el estado de las aceras, que dificultan un desplazamiento seguro.

“Caminar en nuestras ciudades hoy es un suplicio”, señala Meyer y advierte que las ciudades del área metropolitana no fueron pensadas para ser recorridas a pie. El problema no se limita a la comodidad, sino que afecta la calidad de vida y el acceso al espacio público. Para Meyer, la movilidad peatonal también debe ser parte de la planificación.

El especialista opinó que hubo una involución en la planificación urbana, pues, en el pasado, las ciudades incorporaban elementos como recovas y galerías frontales para proteger a las personas de la lluvia. Con el tiempo, los vehículos adquirieron prioridad y el peatón perdió protagonismo, siendo poco a poco excluido de su propio espacio.

Barreras que afectan a la salud física y mental

Las consecuencias son todavía más graves para quienes tienen movilidad o visión reducida. Una vereda con obstáculos, sin rampas o en mal estado, puede convertirse en una barrera infranqueable que les impide salir de sus hogares y disfrutar del aire libre. “No es justo que unos puedan caminar por la ciudad y otros no, esto afecta la salud física y mental de las personas”, afirmó Meyer.

Para el arquitecto, recuperar ese derecho no exige necesariamente grandes inversiones. Teniendo en cuenta que en nuestro país las veredas son responsabilidad de los frentistas, el urbanista sugirió que los municipios podrían solamente controlar que cada vecino mantenga su vereda libre de obstáculos y con condiciones para el paso. A esto se podría sumar la instalación de semáforos peatonales, la construcción de rampas y una mayor educación vial para respetar las franjas de cruce. “Todo esto implica gestión, pensar en el caminante y su calidad de vida”, planteó finalmente el profesional.

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