Simón Pychangui tiene 30 años y hace unos cinco se dedica de lleno a la artesanía. Sus manos no tienen magia, pero cuando toca la madera de cedro sabe cómo convertirla en figuras de animales y aves con pirograbados de ríos y árboles. Cada pieza terminada guarda parte de la memoria de su pueblo y de una naturaleza que teme que pueda dejar de existir. “Este arte es como hacer una fotografía, por si algún día ya no vemos ríos, árboles y la fauna, queremos dejar un recuerdo y que no se pierda en nuestra memoria. En eso creemos en mi pueblo”, nos cuenta Simón en la entrevista.
Empezó a tallar a los 14 años, cuando vio la artesanía de los ancianos de su comunidad y despertó su pasión por este estilo de arte. A los 19, se armó de valor y les llevó a los pioneros sus primeros animalitos tallados, pero lo rechazaron, explicándole que aún no tenía la calidad necesaria. “‘Simón, no vamos a aceptar porque este producto va a bajar nuestro nivel’, me dijeron. No fueron malos, sino que me dieron consejos para mejorar mis obras, pues ellos conocen el bosque y los animales con precisión”, comenta sin rencores.
Captó la atención de prestigiosa curadora
Simón pertenece a la comunidad indígena Puerto Barra, en Naranjal, departamento de Alto Paraná, a 377 km de Asunción. Su tenacidad por perfeccionarse fue tanta que sus piezas expuestas fueron vistas por la investigadora y curadora Luján Cambariere, quien lo llevó a exponer al Museo de Artes Aplicadas GRASSI, en Leipzig, Alemania, en mayo de este año.
“Imaginate, yo, un hombre de pueblos originarios, solo en un avión con escalas, viajando a Alemania. Claro que tenía muchísimo miedo, pero tuve la suerte de que las Embajadas de Paraguay, en España primero y después en Alemania, me esperaron, me guiaron, se organizaron demasiado bien y no me sentí desorientado en ningún momento”, relató Simón.
Transmitir la identidad aché
Ahora que su carrera artística está consolidada, Simón tiene otro sueño: transmitir lo aprendido a otros jóvenes. “Este arte no es solo un decorativo”, afirma. Para él, cada animal tallado cuenta una historia sobre su pueblo, y es esta la identidad que quiere mantener intacta en las generaciones venideras de la parcialidad aché.


