Durante años, una familia puede recibir dinero de un pariente que trabaja en el exterior. Con esos recursos se construye un segundo piso de la casa, se amplía el quincho, se compra un televisor más grande y, aparentemente, se vive mejor. La casa crece, pero la pregunta es: ¿qué ocurre con la economía familiar cuando la remesa deja de llegar?
Ese escenario forma parte del impacto transgeneracional de la migración, un fenómeno que plantea el experto en empleo Enrique López Arce. Según explicó, una persona puede pasar 10 o 20 años trabajando fuera del país, enviar dinero a sus familiares y, al regresar, encontrarse nuevamente con dificultades económicas porque las remesas no se transformaron en inversión que genere una fuente de ingresos real.
El problema no está necesariamente en que mejore una vivienda, sino en que esos recursos no siempre se destinen a futuras rentas, capaces de generar ingresos a futuro. López Arce plantea que una parte del dinero recibido podría orientarse hacia Certificados de Depósito de Ahorro (CDA), inversión inmobiliaria u otras alternativas que permitan construir un ingreso seguro para la familia. “Es muy importante la inversión real, y para eso es necesaria la cultura financiera”, remarcó.
Falta acompañamiento y políticas públicas
La situación también expone una ausencia de acompañamiento mediante políticas públicas para quienes permanecen en Paraguay. El especialista considera que las familias de migrantes deben aprender a administrar las remesas con una mirada a largo plazo.
Cuando esto no ocurre, el dinero puede sostener durante años el consumo familiar, pero no necesariamente modifica sus condiciones económicas. Así, cuando el migrante envejece y retorna al país con el objetivo de, por fin, disfrutar del resultado de su sacrificio, se encuentra con que la familia está en la misma situación del punto de partida.
“Y para colmo, el mismo problema tiene la hija del migrante, otra vez, porque tiene que salir, y si bien la migración es un derecho, lo ideal sería que el paraguayo tenga las oportunidades de salir adelante en su tierra”, explicó López Arce al describir lo que considera un círculo vicioso.
Más allá del monto que ingresa al país en concepto de remesas, el desafío está en qué capacidad tienen las familias para convertir ese dinero en patrimonio productivo y oportunidades que permitan que la próxima generación no tenga que repetir la historia migratoria.


