A las 8:30 del sábado 8 de agosto, una camioneta antigua se detiene frente al Espacio Cultural Staudt, en la esquina de la calle Mariscal Estigarribia e Iturbe. De ella baja una artesana con un brillo de entusiasmo reflejado en los ojos. Llegó desde lejos, cargando dos bolsones llenos de piezas que hizo con sus propias manos. La puerta todavía está cerrada, pero ella ya no puede esperar para ingresar a instalarse en su mesa a vender.
Adentro, todo comienza a ponerse a punto. Pronto, las mesas de la Feria ORE estarán cubiertas de cestería, textiles, arte plumario y tallados en madera, piezas elaboradas por artesanos de 32 comunidades indígenas de distintos puntos del territorio.
Artesanía para guardar la memoria
Detrás de cada obra hay mucho más que una técnica heredada. Animales, bosques, ríos y otros elementos de la naturaleza aparecen representados como una manera de guardar memoria. Quieren dejarlos plasmados casi como una fotografía, para que permanezcan en el recuerdo si algún día aquello llega a desaparecer.
“La gente va abriéndose más a conocer las diferentes culturas que tenemos en nuestro país”, explicó a La Tribuna Vanessa Aguilera, directora de Comunicación del Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA).
Aprendizaje para adaptarse a los nuevos tiempos
La feria también se convierte en un espacio de aprendizaje. Muchos artesanos están acostumbrados al efectivo y algunos llegan sin saber utilizar herramientas digitales. Las embajadoras de la inclusión de ueno bank los acompañan durante todo el día para enseñarlos a cobrar con POS, transferencias, alias y pagos interoperables, incluso internacionales. Además, reciben beneficios exclusivos en cuanto a comisiones por ventas con POS y QR.
Al observar que quienes incorporan el POS consiguen más ventas, otros también se interesan quieren aprender a utilizarlos, pues todos quieren vender mucho.
Más herramientas para mantener viva la identidad
El apoyo también llega en herramientas para la producción de las piezas. Se entregaron martillos y cinceles que antes debían compartir por turnos entre varios artesanos. Además, reciben capacitaciones para mejorar técnicas y calidad de sus trabajos.
“Buscamos justamente aterrizar a piezas más innovadoras, más actuales”, señala Aguilera.
La feria ORE, que cerró con éxito su segunda edición de este año, no solo pone en venta piezas artesanales. En cada mesa conviven memoria, identidad y trabajo, para que esos saberes sigan encontrando compradores y sosteniendo a las comunidades que los mantienen vivos.

