El recorrido desde la capilla de Tupãsy Ykua hasta la Basílica Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé marcó el inicio de la celebración del Jubileo Franciscano por los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís.
La peregrinación culminó con la misa presidida por el obispo de la Diócesis de Caazapá, monseñor Marcelo Benítez, en una jornada que tuvo como signo central la veneración de la reliquia de primer grado del santo, llegada al Paraguay en abril de este año.
Durante la eucaristía, que coincidió con la fiesta de Santa María de los Ángeles de la Porciúncula y el Perdón de Asís, el obispo invitó a los fieles a traducir la experiencia de la fe en gestos concretos de reconciliación, servicio y misericordia, inspirados en el legado del fundador de la Orden Franciscana.
“La gracia del perdón nos interpela y nos obliga a asumir actitudes conforme al don recibido”, dijo el celebrante.
La Porciúncula como camino de conversión
Benítez recordó que la Porciúncula representa el lugar más querido por San Francisco de Asís, donde nació la misión franciscana y donde el santo recibió la gracia de la indulgencia plenaria concedida por la Iglesia. Explicó que ese acontecimiento expresa el profundo deseo de acercar la misericordia de Dios a toda la humanidad. También evocó las palabras del papa Benedicto XVI sobre el Perdón de Asís y destacó que Francisco buscó la salvación de todas las personas antes que cualquier privilegio temporal. “Francisco responde valientemente que no pide años, sino almas”. sostuvo.
El legado de la reliquia
Benítez afirmó que la visita de la reliquia constituye una invitación a asumir el espíritu franciscano en la vida cotidiana mediante el anuncio del evangelio, el servicio a los demás y la construcción de una sociedad reconciliada. Indicó que la celebración interpela a los cristianos a preocuparse por la salvación de sus hermanos y a convertirse en promotores de la paz frente a la violencia y la división.
“Quiero enviarlos a todos al paraíso”, indicó. Recordó que esta expresión resume el anhelo de San Francisco de Asís de acercar a todas las personas a la misericordia de Dios y explicó que ese mismo espíritu debe inspirar hoy el testimonio de los creyentes.
Al concluir la celebración, el obispo sostuvo que la reliquia de primer grado del santo no solo recuerda su paso por la historia, sino que también anima a vivir el evangelio con fraternidad, reconciliación y esperanza, siguiendo el ejemplo de quien dedicó su vida a anunciar la paz y el amor de Cristo.


