Durante años, las ciudades crecieron pensando en cómo mover más vehículos, pero no necesariamente en cómo facilitar la vida de las personas. Para el arquitecto urbanista Ricardo Meyer, Paraguay necesita avanzar hacia ciudades caminables, donde desplazarse a pie sea una alternativa segura, cómoda y factible para las actividades cotidianas.
“El auto no es la solución, ya nos dimos cuenta de que es imposible vivir así”, afirmó el especialista, al señalar que incluso con nuevas autopistas y más carriles los problemas de congestión terminan apareciendo porque la industria automotriz tiene la capacidad de ocupar todo el espacio disponible.
Según Meyer, una ciudad caminable implica que las personas accedan caminando a lugares de compra, trabajo, estudio y recreación, para lo cual se necesita una ciudad más compacta y con servicios distribuidos. Cuando las distancias son mayores, sostuvo, la respuesta debe estar en fortalecer el transporte público, y no aumentar la dependencia del vehículo particular.
La deuda pendiente es de infraestructura
El urbanista señaló que muchas ciudades presentan veredas deficientes, falta de pasos peatonales seguros, ausencia de semáforos para quienes caminan y poca arborización, elementos fundamentales para que andar a pie sea una experiencia agradable.
“Hoy la ciudad es hostil con el que camina”, expresó Meyer, al remarcar que todavía existe una cultura donde se entiende que el vehículo tiene prioridad, pese a que las normas de tránsito establecen lo contrario.
Es necesario apropiarnos del entorno urbano
El especialista destacó que mejorar las condiciones para caminar también genera beneficios sociales, porque las personas vuelven a encontrarse en los espacios públicos, se fortalece la comunidad y aumenta la seguridad de la gente mediante un mayor control ciudadano. “Cuando todos nos conocemos, es más difícil que alguien extraño y con malas intenciones ingrese al barrio”, ejemplificó el arquitecto.
Asimismo, subrayó que es un “gran error” ampliar avenidas como respuesta al tránsito. Explicó que cada vez que se otorga más espacio a los vehículos, se reduce el destinado a peatones, bicicletas y transporte público.
Para Meyer, recuperar la escala humana de las ciudades requiere priorizar espacios donde las personas puedan apropiarse nuevamente del entorno urbano.


