Luque es una de las ciudades que más expandió su territorio en los últimos años, impulsada por el crecimiento inmobiliario y el aumento de la población. Sin embargo, este desarrollo plantea el desafío de lograr que la expansión urbana se acompañe de una planificación que permita una ciudad más habitable.
El arquitecto urbanista Fernando Maidana explicó a La Tribuna que una ciudad puede considerarse planificada cuando cuenta con equipos técnicos especializados y un Plan de Ordenamiento Territorial aprobado. Sin embargo, señaló que en Paraguay son pocas las municipalidades que cuentan con estas herramientas funcionando plenamente, y que gran parte del crecimiento del Área Metropolitana ocurre sin una visión integral.
Improvisar acarrea consecuencias
Según explicó, cuando una ciudad crece sin planificación aparecen consecuencias que los ciudadanos perciben diariamente, como el aumento del caos vehicular, problemas de drenaje, raudales más intensos durante las lluvias, pérdida de espacios públicos y reducción de la biodiversidad urbana.
Uno de los puntos centrales es que las normas existentes necesitan acompañarse de controles efectivos. El especialista señaló que contar con planes reguladores no es suficiente si no existen mecanismos que garanticen el cumplimiento de las ordenanzas municipales.
Ir contra la naturaleza es riesgoso
El crecimiento urbano también tiene impacto en el ambiente. La ocupación de humedales y la impermeabilización del suelo reducen la capacidad natural de absorber el agua de lluvia, aumentando la velocidad con la que llega a los cauces y generando mayores riesgos de inundación. A esto se suma la pérdida de árboles, que cumplen una función clave como reguladores de temperatura frente al aumento del calor urbano.
El especialista sostuvo que algunas consecuencias pueden corregirse mediante políticas públicas orientadas a recuperar cauces, mejorar el transporte público y ordenar los usos del suelo. Sin embargo, advirtió que una vez que determinados sectores son ocupados y construidos resulta mucho más complejo recuperar espacios.
“Actualmente cada propietario construye por su lado y las ciudades se van formando sin una lógica común”, resumió el urbanista, al plantear la necesidad de pasar de una expansión espontánea a una construcción planificada del territorio.


