A los 16 años, Luigi Alfonso encontró una vocación poco común. Mientras muchos adolescentes todavía buscan qué carrera seguir, él dedica horas a una tarea que exige precisión, paciencia y temple. Se trata de preservar cuerpos de animales muertos para que sus anatomías continúen enseñando sobre la biodiversidad paraguaya.
Su trabajo ya puede verse en el Museo de Historia Natural e Indigenista del Jardín Botánico de Asunción. Entre las piezas que preparó se encuentran un ocelote, una lechuza orejona, un loro choclero, un pájaro carpintero, un urutaú, una cría de comadreja y varios reptiles, ejemplares que hoy forman parte de la colección científica exhibida al público.
Su historia comenzó en 2023, cuando apenas tenía 13 años, gracias a su padre, quien trabaja como cajero del Zoológico de Asunción. “Un día, mi papá me dijo: ‘¿No querés ir a ver cómo trabaja el señor que hace los animales que están en el museo?’”. Fui, me gustó muchísimo y desde entonces empecé a ir todos los sábados. Ese taxidermista, que hoy ya no trabaja, me enseñó todo y le debo mucho", recuerda Luigi.
Haciendo carrera a una edad temprana, aunque no integra oficialmente el plantel de profesionales del Jardín Botánico, pues es menor de edad, Luigi continúa asistiendo al museo para consolidar su aprendizaje de estos años. Allí dona ejemplares de animales para la colección y guía a los visitantes, explicando el valor científico de la taxidermia, así como la importancia de conservar el patrimonio natural. Contó que el jefe del museo le dio ciertas esperanzas acerca de la posibilidad de ser contratado como taxidermista del Botánico en un futuro cercano.
El joven asegura que la principal cualidad para dedicarse a este oficio no es la destreza manual, sino la paciencia. “También hay que tener cierta insensibilidad para trabajar con cuerpos de animales. Si eso te afecta demasiado, es muy difícil hacer este trabajo”, se sinceró.
Sueño en un futuro cercano
Con la mirada puesta en el futuro, planea estudiar Biología en la Universidad Nacional de Asunción, y, cuando alcance la mayoría de edad, formarse en el Instituto Superior de Taxidermia de Buenos Aires, ya que en el país no existe una carrera específica para esta disciplina.
Antes de despedirse, deja un mensaje para otros jóvenes: “Les recomendaría probar la entomología o la taxidermia. Son trabajos que enseñan mucha paciencia y demuestran que cada pieza necesita tiempo y dedicación para salir bien”.


