La conmemoración, realizada cada 24 de julio, reunió procesiones, misas, novena y manifestaciones culturales que mantienen vigente una tradición centenaria en la compañía de Minas, reconocida por albergar el Guaikuru Ñemonde, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial.
La misa central fue presidida por monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de la Diócesis de Caacupé, acompañado por una multitud de fieles. Durante la homilía recordó la vida de San Francisco Solano como “un incansable sembrador del Evangelio en América y a la luz de la parábola del sembrador, animó a los presentes a preparar el corazón para que la palabra de Dios continúe dando frutos de fe, amor y unidad”.
Tradición que fortalece la identidad
Uno de los momentos más representativos de la celebración fue la participación de los promeseros vestidos de guaycurúes, quienes, con pinturas corporales, máscaras, plumas de gallina y lanzas artesanales, acompañaron la procesión al son del tambor cumpliendo promesas. Sus danzas y cantos tradicionales evocan la labor evangelizadora de San Francisco Solano entre los pueblos originarios y constituyen el principal símbolo cultural de la fiesta.


