La llegada de edificios en altura a barrios tradicionales genera una transformación inevitable en la ciudad. Para el arquitecto urbanista Ricardo Meyer, el impacto de estas construcciones puede ser positivo o negativo, dependiendo de una condición: si existe una planificación que defina cómo y dónde debe crecer la ciudad.
Meyer explica que una ciudad no es un espacio estático, sino un organismo que cambia con el tiempo. Sin embargo, considera que esas modificaciones no pueden quedar únicamente en manos de la especulación inmobiliaria, sino que deben responder a una visión urbana definida desde las municipalidades. “Una ciudad va transformándose de acuerdo a ciertas dinámicas, pero lo ideal es que esa transformación esté planificada”, señaló.
El especialista hace una marcada diferencia entre edificios de menor escala, que pueden aportar al desarrollo de los barrios, y grandes torres implantadas en zonas residenciales sin una adecuada previsión. Según indicó, construcciones de cuatro a seis pisos pueden fortalecer el comercio barrial, aumentar la cantidad de usuarios y favorecer una ciudad más sostenible.
En cambio, advirtió que edificios de mayor altura en barrios residenciales pueden alterar la fisonomía del entorno y generar conflictos si no se acompañan con infraestructura suficiente.
Vivir en altura y más cerca de todo
Para Meyer, el crecimiento vertical también puede ser una oportunidad para evitar que las ciudades continúen expandiéndose de manera horizontal, obligando a las familias a vivir cada vez más lejos. La densificación, sostuvo, puede permitir que nuevas generaciones permanezcan cerca de sus barrios y servicios.
El punto central, según el urbanista, es definir qué zonas deben densificarse y cuáles deben conservar determinadas características. Esto implica establecer límites de altura y superficies construidas.
No debe olvidarse el transporte
Además, remarcó que no se puede hablar de edificios sin considerar transporte público, desagües, servicios básicos y espacios verdes. “Si no se resuelve la movilidad y se construye por todas partes, se afecta enormemente la vida de los barrios”, afirmó.
Meyer señaló que Asunción aún tiene la posibilidad de ordenar su crecimiento, pero para ello se necesitan reglas claras e instituciones con capacidad de hacerlas cumplir, priorizando el interés general.

