En el Chaco profundo, donde la lluvia define la vida y transforma el paisaje, una laguna volvió a cambiar de rostro. La conocida Laguna Salada se encuentra en la zona Amaya, dentro del departamento de Presidente Hayes, en una propiedad privada ubicada a unos 90 kilómetros de Filadelfia y aproximadamente 65 kilómetros de Loma Plata. Allí, pasó de mostrar una extensa superficie cubierta de sal a convertirse nuevamente en un espejo de agua que atrae a varias especies que llegan desde distintos puntos de la región.
El fenómeno responde al ciclo natural del lugar. Con las lluvias, la laguna recupera su nivel de agua (60 cm) y permite el ingreso de peces, pequeños organismos y una cadena alimentaria que atrae a distintas aves. Cigüeñas, garzas, patos y biguás forman parte del paisaje, pero los grandes protagonistas son los flamencos, que cada año llegan desde Bolivia y Argentina.
Norbert Epp, propietario de estos terrenos, explicó que estas aves suelen aparecer con mayor presencia entre julio y septiembre, cuando el agua comienza a concentrar más sal y favorece la reproducción de pequeños crustáceos que forman parte de su alimentación.
“Ellos vienen de los Andes, de los pre-Andes, porque allá hace más frío y el alimento escasea. Entonces bajan acá para pasar los meses de julio, agosto y septiembre”, señaló.
Prefiere no atraer tantas visitas
Aunque la belleza del lugar despierta cada vez más interés, Epp no busca convertirlo en un destino turístico masivo. Su prioridad es conservar el equilibrio de un espacio que considera único, y por eso mezquina el lugar, según él mismo lo reconoce.
“Es una reserva natural privada, es mía, y hay que respetar las reglas. No se debe molestar a las aves ni a los animales silvestres, no se debe ensuciar ni sobrecargar el espacio”, indicó.
Si bien en un principio no dejaba ingresar a nadie, hoy día permite el acceso a personas que considera cuidarán el sitio, pero indefectiblemente requiere de su autorización previa. El ingreso tiene un costo de G. 100.000 por vehículo, un monto destinado al mantenimiento del sitio.
La mayoría respeta y cuida el sitio
Comentó que el comportamiento de la gente es bueno en un 80%, y solo un 20% restante tiene conductas cuestionables que hacen que no los vuelva a dejar ingresar en otra oportunidad.
Una de las reglas principales durante la visita es que cada persona recoja y lleve su basura, y que no se debe provocar el vuelo de las aves para lograr fotos más bellas.
Para Epp, la laguna no necesita de multitudes ni de una excesiva propaganda turística para demostrar su valor. El gran atractivo está justamente en permanecer intacta, siguiendo los ciclos de la naturaleza chaqueña, que siempre sorprende.


