En medio del ruido del tráfico y el caos de la ciudad, existe un espacio donde las plantas no solo se observan, sino que también cuentan historias. El Centro de Conservación y Educación Municipal alberga un vivero de plantas medicinales y un singular bosque comestible, una propuesta que invita a conocer especies utilizadas desde hace generaciones tanto en la alimentación como en la medicina natural para las personas.
El recorrido comienza entre árboles frutales y especies nativas como el kokũ, la pitanga, la guayaba, la banana, la chirimoya y el níspero. “Tenemos como 50 variedades de plantas comestibles. Son árboles y arbustos cuyos frutos consumimos nosotros, pero también sirven de alimento para las aves y otros animales que viven libremente acá”, explicó la directora del centro.
En el vivero medicinal aparecen algunas de las plantas más conocidas en los hogares paraguayos. Romero, verbena, toronjil, ruda, burrito, salvia, aloe vera, menta, yerba mate, cúrcuma y pacholí forman parte de la colección que sigue creciendo con nuevas incorporaciones.
Alivio a todo tipo de dolores
Destacó que muchas de estas especies conservan usos transmitidos de generación en generación. La verbena, por ejemplo, suele utilizarse para aliviar molestias estomacales y cuadros gripales, mientras que la menta es reconocida por sus propiedades relajantes. La cúrcuma, combinada con una pizca de pimienta, es valorada como un potente antiinflamatorio natural.
Además de preservar estas especies, el espacio busca enseñar cómo conviven en un mismo ecosistema y la importancia de respetar los procesos naturales. “Tenemos que amar a las plantas. La naturaleza siempre busca crecer y vivir”, afirmó.
Las puertas están abiertas a familias o grupos escolares que quieran asistir a conocer más sobre el patrimonio natural del Paraguay. Solo es cuestión de llegar al Jardín Botánico en vehículo y preguntar a los guías cómo llegar al Centro de Conservación, que se encuentra en la profundidad del bosque.

