El obispo cuestionó la cultura de la inmediatez durante la homilía celebrada en la Basílica de Nuestra Señora de los Milagros Virgen de Caacupé y afirmó que la sociedad busca obtener justicia, paz, prosperidad y bienestar de forma instantánea, cuando la fe propone un camino de perseverancia y compromiso. A partir de la parábola del sembrador, sostuvo que Dios entrega “semillas” que deben cultivarse para producir frutos.
Como ejemplo, recordó la historia de una tienda donde un cliente pretendía adquirir felicidad, dinero, amor, salud y prosperidad de manera inmediata. Sin embargo, el ángel que atendía el lugar respondió, “perdone, amigo, aquí no vendemos productos procesados, solamente semillas.” Según explicó, esa imagen refleja que Dios no concede soluciones acabadas, sino oportunidades que requieren esfuerzo y tiempo para dar resultados.
La costumbre de exigir respuestas rápidas
El obispo señaló que esa lógica también interpela a la sociedad actual, acostumbrada a exigir respuestas inmediatas. “Quiero justicia, ya. Quiero capacidad de convivencia, ya. Quiero progreso, ya. Quiero estabilidad económica, ya. Quiero paz interior y esperanza, ya”, ejemplificó, para luego remarcar que Dios invita a trabajar esos anhelos con responsabilidad y perseverancia.
En ese contexto retomó la parábola del sembrador y explicó que la palabra divina posee la capacidad de dar fruto, pero todo depende de la disposición con que cada persona la recibe. “No es problema de la semilla, que tiene potencia de germinar y dar fruto. El problema es el terreno donde cae la semilla, nuestro corazón”, afirmó.
Valenzuela describió varias actitudes, como las personas que escuchan la palabra superficialmente; las inconstantes, quienes abandonan sus compromisos ante las primeras dificultades; quienes viven absorbidos por las preocupaciones cotidianas y no encuentran tiempo para la vida espiritual; y, finalmente, a quienes reciben el mensaje con apertura y lo convierten en acciones concretas.
Sobre las personas inconstantes sostuvo: “Son pólvora, ruido y humo, pero no tienen carácter, no tienen voluntad, no tienen personalidad, ni constancia y no tienen madurez. Son simplemente héroes por un día. La inconstancia es una roca revestida de abonos.”
El obispo indicó que el creyente está llamado a convertirse en “tierra buena”, cultivando la oración, el sacrificio y la vigilancia para que la palabra produzca frutos en la familia, el trabajo y la comunidad.


