Según el análisis que realizó, basado en informes y planes elaborados entre 2014 y 2025, uno de los principales desafíos es la heterogeneidad de las instituciones de educación superior y la debilidad de los mecanismos de evaluación y acreditación. Esto genera diferencias en la calidad de la formación y limita la consolidación de estándares comunes en el sistema universitario.
Otro eje crítico es la escasa vinculación entre las universidades y el sector productivo. Según el planteamiento, la producción de conocimiento no logra transformarse en innovación ni responder de manera suficiente a las demandas del mercado laboral, lo que reduce el impacto de la educación superior en el desarrollo nacional.
Asimismo, García Riart señala la falta de una gobernanza integrada del sistema, con esfuerzos de planificación dispersos y poca articulación entre instituciones y políticas públicas. Esta fragmentación impide una visión coherente de largo plazo.
El análisis concluye que el sistema requiere fortalecer la regulación, mejorar la calidad académica y avanzar hacia una planificación estratégica más sólida, capaz de alinear la educación superior con las necesidades del país y los escenarios futuros de desarrollo.

