El caso de la perrita Canela, que generó fuerte repercusión pública desde comienzos del 2026, llegó finalmente a una resolución consensuada entre las partes involucradas, tras un proceso de mediación impulsado por el abogado Diego Tuma, representante legal de la rescatista de animales Diana Camarasa.
El conflicto se originó el 1 de enero del 2026, cuando la perrita sufrió una grave lesión a causa de la explosión de un petardo que se introdujo en su hocico, lo que derivó en una compleja situación médica. El hecho movilizó a la comunidad animalera. Durante el costoso proceso de tratamiento, Diana Camarasa, dueña de la organización Olfateando Huellas, gastó más de G. 50 millones, además del enorme esfuerzo que implicó encargarse del animal.
Justo después de que se lograra la complicada cirugía en la que le pusieron a Canela una prótesis mandibular, y la cachorra ya estaba recuperada, su dueña, la señora Selva, quiso recuperar a la perrita, alegando que su familia original la extrañaba.
Reacción y apoyo ciudadano a Diana Camarasa
Este pedido generó la indignación de Diana Camarasa, quien había asumido todo el esfuerzo y cuidado sola. La situación escaló y requirió la intervención legal que casi llegó a los tribunales.
El abogado Diego Tuma medió entre las partes, buscando un punto medio que priorizara el bienestar del animal. Tras varias conversaciones, finalmente se logró la firma de un acuerdo en el que la señora Selva aceptó entregar voluntariamente el animal a Diana Camarasa. Ambas partes coincidieron en que la prioridad debía ser la salud y estabilidad de la perrita.
El acuerdo pone fin a un caso que generó gran sensibilidad social y reabrió el debate sobre la tenencia responsable de mascotas y la protección animal frente a actos de crueldad o accidentes evitables.
Feliz y en los brazos de Diana, Canela llevará la mejor calidad de vida posible, teniendo en cuenta que su condición clínica siempre será delicada y requerirá cuidado las 24 horas del día.


