La Noche de San Juan, celebrada cada 23 de junio, es una de las festividades más populares en Europa y América Latina. Aunque está asociada al nacimiento de San Juan Bautista, también conserva elementos de antiguas tradiciones paganas vinculadas al solsticio de verano en el hemisferio norte.
La fecha antecede al día de San Juan Bautista, conmemorado el 24 de junio por la Iglesia católica. Según explicó el historiador Rodrigo Cardozo, la costumbre de encender hogueras se remonta al relato bíblico de Zacarías, padre de Juan, quien habría ordenado prender una fogata para anunciar el nacimiento de su hijo. Con el tiempo, esta práctica se fusionó con rituales ligados al fuego y la renovación de los ciclos naturales.
El fuego, símbolo universal de la fiesta
En muchas culturas, el fuego es considerado un elemento purificador capaz de alejar las energías negativas y dar paso a nuevos deseos. De allí surgieron costumbres como saltar sobre las llamas, quemar objetos viejos o realizar rituales para atraer prosperidad y buena fortuna.
La celebración adopta características propias en cada país. En España se realizan fogatas y baños nocturnos; en Portugal es conocida como Fogueiras de São João y en Brasil forma parte de las Festas Juninas.
En América Latina también existen expresiones particulares. En Argentina se queman muñecos conocidos como Judas, en Bolivia la celebración suele estar acompañada por comidas típicas, en Perú se practica el denominado “baño bendito” y en Venezuela la festividad combina ceremonias religiosas con música de tambores.
Paraguay, una experiencia “peligrosa”
En Paraguay, el San Juan Ára se convirtió en una de las expresiones más representativas de la cultura popular. Juegos tradicionales como la pelota tata, el tata ári jehasa, el kambuchi jejoka y el Judas kái forman parte de la celebración.
“En Paraguay el San Juan tiene una enorme fuerza en el aspecto gastronómico”, destaca Cardozo. La fecha es también una oportunidad para disfrutar de pastel mandi’o, pajagua mascada, mbeju, chicharõ trenzado, butifarra y enrollado, entre otras comidas típicas del invierno.
Más allá de las diferencias entre países, la Noche de San Juan mantiene un significado común: la reunión comunitaria alrededor de costumbres transmitidas de generación en generación.

