Con acordes de la banda de músicos del Ejército Paraguayo interpretando el tradicional “13 Tuyutí”, la vivienda de don Canuto González Britos en la ciudad de Luque se convirtió en escenario de un emotivo homenaje que reunió a autoridades militares y familiares para honrar la vida de uno de los últimos héroes vivos de la contienda.
Participaron el ministro de Defensa Nacional, general Óscar González, y el comandante del Ejército Paraguayo, general Manuel Rodríguez, quienes destacaron la vigencia del ejemplo del veterano, quien a sus 110 años continúa siendo un símbolo de sacrificio, memoria y patriotismo.
En la ocasión, le fueron entregados una camiseta de la selección paraguaya, su querida Albirroja y una placa de reconocimiento por su heroica participación en la defensa de la patria.
Canuto recibió también un uniforme militar que vistió con orgullo. El homenaje se enmarcó en la conmemoración de los 91 años de la firma de la Paz del Chaco, una fecha que vuelve a poner en valor la entrega de toda una generación que enfrentó una de las guerras más duras de la región.
Reliquia viviente y pasión por la Albirroja
El ministro González resaltó la dimensión humana del encuentro y el impacto del testimonio del veterano. “A veces la gente piensa que venimos a darle fuerzas a don Canuto, pero ocurre al revés, ya que es él quien nos da mucho aliento”, expresó durante el acto, subrayando la vigencia del ejemplo del excombatiente para las nuevas generaciones.
En el reconocimiento, el veterano también expresó su deseo de ver a la selección paraguaya en el Mundial, con la esperanza de una consagración histórica.
El héroe dejó un mensaje sencillo y contundente a los jóvenes: “trabajen mucho, porque sin trabajo no tenemos nada, ni siquiera comemos”, dijo.
El alistamiento de un niño
La historia de Canuto González se inscribe en uno de los capítulos más duros de la memoria nacional. Nacido en 1916, fue reclutado a los 15 años para integrar el Ejército paraguayo durante la Guerra del Chaco (1932-1935), en un proceso atravesado por la presión familiar y las circunstancias de la época.
Tras ser trasladado a Asunción junto a otros jóvenes, pasó por el centro de concentración conocido como “el Estadio” y luego fue enviado al Chaco a bordo del cañonero Humaitá, en un contingente integrado mayoritariamente por adolescentes que partían hacia un destino incierto.
En el frente chaqueño enfrentó las condiciones más extremas de la guerra; hambre, sed, enfermedades y la constante presencia de la muerte. Tras su paso por distintos escenarios de combate, resultó herido en la mano izquierda, lo que determinó su regreso a Villarrica.








