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Paraguay se vistió de Albirrojo para despedir a una Selección que ilusiona

A horas de emprender viaje rumbo a Estados Unidos para disputar la Copa del Mundo, la Selección Paraguaya recibió este viernes una multitudinaria demostración de apoyo. El sentimiento albirrojo se hizo sentir en todo el país, reflejando la ilusión colectiva que acompaña al equipo dirigido por Gustavo Alfaro.

| Por La Tribuna
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Con camisetas, banderas y muestras de afecto, miles de paraguayos expresaron su respaldo a la Albirroja en una jornada marcada por la emoción y el orgullo nacional.

La cuenta regresiva para el Mundial 2026 ya comenzó y Paraguay decidió vivirla unido bajo los colores rojo, blanco y azul. Hoy, el país protagonizó una verdadera fiesta nacional en homenaje al seleccionado, que mañana partirá rumbo a Estados Unidos para afrontar la máxima cita del deporte rey.

Desde tempranas horas, la camiseta albirroja se convirtió en protagonista de una jornada cargada de entusiasmo. En escuelas y colegios, alumnos y docentes se sumaron a la iniciativa de vestir los colores nacionales como muestra de respaldo al plantel.

Lo mismo ocurrió en oficinas públicas, empresas privadas, mercados y diversos espacios laborales donde trabajadores expresaron su confianza en el equipo nacional. La emoción también alcanzó a integrantes de la Fuerza Aérea Paraguaya y a numerosos sectores de la sociedad que encontraron en el fútbol un motivo de encuentro y celebración.

Más que una simple muestra de apoyo deportivo, la movilización espontánea reflejó el sentimiento de pertenencia y la esperanza que despierta la Albirroja en millones de paraguayos. Durante la tarde, el fervor fue creciendo a medida que se acercaba la salida del plantel desde el Centro de Alto Rendimiento hacia el estadio Defensores del Chaco.

A lo largo del recorrido, cientos de personas se apostaron en calles y avenidas para saludar a los jugadores y acompañar simbólicamente el camino de un equipo que volvió a despertar la ilusión mundialista.

Banderas flameando, camisetas levantadas y muestras de afecto desde vehículos, viviendas y veredas marcaron una escena que recordó las grandes jornadas de unión nacional que históricamente genera la Selección. Familias enteras, jóvenes y adultos compartieron un mismo sentimiento: el deseo de ver a Paraguay competir nuevamente entre las mejores selecciones del mundo.

La despedida también dejó en evidencia el impacto que tuvo el proceso encabezado por Gustavo Alfaro. Bajo su conducción, la Albirroja recuperó protagonismo, fortaleció el vínculo con la afición y volvió a instalar la esperanza de un país acostumbrado a acompañar a sus representantes en los momentos más trascendentes.

Paraguay ya comenzó a jugar su propio partido. Lo hizo en las aulas, en los lugares de trabajo, en las calles y en cada rincón donde una camiseta albirroja recordó que, cuando juega la Selección, el país entero se siente parte del mismo equipo.

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