Cuando se habla de los problemas urbanos de Asunción, la discusión suele centrarse en el tránsito, los baches o la falta de infraestructura. Sin embargo, para el arquitecto urbanista Sergio Rulleri esos inconvenientes son apenas la consecuencia visible de un problema mucho más profundo: la forma en que la ciudad creció durante las últimas décadas.
Desde su perspectiva, entender a Asunción únicamente como un espacio de desplazamiento conduce a pensar que el principal problema es la movilidad. Pero la discusión, asegura, debe ir mucho más allá.
Saber qué tipo de ciudad se desea habitar
Las experiencias urbanas más exitosas del mundo combinan planificación técnica con consensos sociales. Existen especialistas que orientan el crecimiento, pero también ciudadanos que comparten una visión común sobre la calidad de vida que buscan.
En el caso de Asunción y su área metropolitana, Rulleri observa que durante décadas predominó un crecimiento impulsado principalmente por el mercado inmobiliario. La expansión urbana avanzó sin una planificación integral, extendiéndose sobre enormes superficies que hoy resultan difíciles de gestionar.
“Uno de los conceptos fundamentales de la ciudad es que sea compacta”, explica. Cuando el espacio se dispersa excesivamente, aumentan las distancias y se encarecen las inversiones públicas.
Vivir cerca del trabajo debe ser una meta
El urbanista considera que una ciudad mejor organizada debería acercar las viviendas a los lugares donde se concentra el empleo. “Si buena parte de la actividad laboral se desarrolla en el centro histórico, sería lógico que una mayor cantidad de personas pudiera vivir cerca de esos espacios”, analizó.
Esta lógica también favorece la movilidad peatonal y genera beneficios directos para la salud pública. Caminar más y depender menos del vehículo a diario reduce el estrés y fortalece el contacto entre los ciudadanos.
Solo 15 minutos para llegar a todos lados
En ese contexto aparece uno de los paradigmas urbanos más influyentes de los últimos años: la llamada “ciudad de los 15 minutos”. El concepto, según el experto, propone que las personas puedan acceder en un corto trayecto a pie o en bicicleta a servicios esenciales como educación, salud, comercio y recreación.
A su juicio, una ciudad compacta no significa necesariamente construir torres en cada esquina, sino lograr una densidad equilibrada que permita sostener espacios públicos accesibles para todos.
El transporte debe pensar más en la gente
A su entender, el actual sistema de transporte responde a una lógica empresarial y no a una visión del servicio público. Por eso considera indispensable avanzar hacia alternativas de transporte eficientes y accesibles, capaces de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
“La ciudad tiene que devolverle al ciudadano la centralidad del espacio público y no al automóvil”, resume.
El desafío más importante sigue siendo construir ciudades donde prevalezca el interés común, enfatizó el experto. Sitios que fortalezcan la convivencia y reduzcan las distancias que hoy separan a los ciudadanos. Porque una mejor ciudad no es necesariamente la que permite viajar más rápido, sino aquella que hace menos necesario alejarse.
Dejar de lado los patios
Aunque en principio puede resultar chocante el planteamiento, el experto indicó que se debe dejar de lado la costumbre de vivir en grandes casas y jardines, pues la ciudad se expandió en forma desproporcionada y nos aisló. Lo ideal, dijo Sergio Rulleri, es achicar las manzanas y hacer que las calles intermedias sean espacios peatonales más pensados en las caminatas tranquilas. Eso sí, aclaró que al pedirle a la gente que reduzca sus espacios en las casas, a cambio se les deben brindar espacios públicos de calidad. Por otro lado, planteó que se deben emular las costumbres de las mejores ciudades, como que la velocidad máxima de tránsito motor en el centro histórico sea de 30 kilómetros/hora, y pensar más en que niños y adultos mayores puedan caminar sin peligro en las calles.

