A casi dos horas de Asunción, entre árboles, senderos y el murmullo del río Yhaguy, se esconde uno de los sitios históricos más singulares del país. El Parque Nacional Vapor Cué, ubicado a unos cuatro kilómetros de la ciudad de Caraguatay, combina naturaleza y memoria en un recorrido que sorprende incluso a quienes creen conocer bien el turismo interno paraguayo.
El lugar, hoy tranquilo y rodeado de vegetación, fue escenario de intensos episodios durante la Guerra de la Triple Alianza. En ese entonces, el río Yhaguy, actualmente de bajo caudal, era completamente navegable y formaba parte de una ruta estratégica. Allí, en 1869, por orden del Mariscal Francisco Solano López, varios buques paraguayos fueron incendiados y hundidos para evitar que cayeran en manos enemigas.
Durante más de un siglo, los restos de esas embarcaciones permanecieron ocultos. Recién en 1978 comenzaron los trabajos de recuperación, impulsados por la comunidad local y apoyos externos. Hoy, ese esfuerzo se traduce en un museo al aire libre que permite reconstruir parte de esa historia y acercarla a los visitantes de manera directa.
Un museo sobre agua que cuenta nuestra historia
El Museo Nacional Vapor Cué alberga piezas de artillería, restos navales y dos buques recuperados; todos acompañados de señalizaciones que explican su contexto. Más que una visita tradicional, el recorrido se vive como una experiencia, como caminar entre los vestigios, leer las historias y conectar con un capítulo clave del país.
Pero el atractivo no es solo histórico. El entorno natural aporta un valor adicional que transforma la visita en una escapada. El parque, de más de 50 hectáreas, ofrece sombra, tranquilidad y un paisaje ideal para desconectarse del ritmo urbano, y, por qué no, hacer un pícnic. El río, aunque hoy parece un arroyo, sigue siendo protagonista y suma un aire sereno al recorrido.
Romper los esquemas del mapa
Vapor Cué aparece así como una opción poco conocida dentro del mapa turístico nacional, pero con un enorme potencial. Es un destino que combina educación, reflexión y descanso, ideal para quienes buscan salir de los circuitos tradicionales y descubrir rincones con identidad propia.
A veces, no hay que ir tan lejos, porque la historia, la naturaleza y la calma pueden estar a pocos kilómetros. Solo hay que redescubrir nuestro mapa.

