La analista de desarrollo inclusivo del PNUD, Ofelia Valdez, presentó los resultados del Informe Regional de Desarrollo Humano 2025, señalando que el mundo enfrenta un estancamiento crítico tras la crisis sanitaria global.
El Índice de Desarrollo Humano (IDH), que monitorea salud, educación y calidad de vida, evidencia una recuperación desigual donde gran parte de las naciones no han retornado a sus niveles de crecimiento prepandemia.
Crecimiento de la población vulnerable y clase media volátil
Durante una entrevista técnica en el aire de El programa ese por La Tribu 650 AM, la especialista Ofelia Valdez detalló que la estructura social de la región ha sufrido una transformación preocupante.
La pobreza se redujo del 48% al 25% entre 2020 y 2023, pero este avance es frágil debido a que el sector migró masivamente a la categoría de vulnerable.
Este segmento, que abarca al 31% de la población, percibe ingresos superiores a la canasta básica pero carece de blindaje ante shocks de salud o crisis financieras repentinas.
Es imperativo establecer seguros agrícolas, médicos y sistemas jubilatorios sólidos para impedir que estas familias retornen a la indigencia.
Evolución del Índice de Desarrollo Humano desde la década del noventa
Ofelia Valdez explicó que el IDH es una herramienta consolidada desde 1990 que permite comparar datos oficiales de salud y educación a nivel global.
Sin embargo, hoy se suman indicadores complementarios como el Índice de Pobreza Multidimensional y el índice de desigualdad, que permiten profundizar en la capacidad de desarrollo pleno de las personas.
La analista citó la teoría de Amartya Sen sobre el desarrollo de capacidades y la agencia, subrayando que el objetivo final es que cada individuo tenga la libertad de tomar decisiones sobre su propia vida en igualdad de condiciones.
Resiliencia ante las policrisis y la brecha tecnológica
La convergencia de desafíos climáticos, económicos y tecnológicos ha dado lugar a lo que los expertos denominan “policrisis”, exigiendo una respuesta institucional inmediata.
Valdez sostuvo que el desarrollo sin resiliencia ha dejado de ser una opción viable en el contexto actual, obligando al Estado a fortalecer sus capacidades de reacción ante fenómenos como sequías o inundaciones recurrentes.
En el plano digital, la brecha se profundiza: mientras el 85% de los hogares de altos ingresos tiene internet, en los sectores vulnerables el acceso apenas alcanza el 46%, restringiendo el uso productivo de la inteligencia artificial.
Desafío del envejecimiento acelerado en el territorio nacional
El envejecimiento de la población representa un factor determinante, dado que en Paraguay este proceso ocurre con mayor celeridad que en el promedio europeo o uruguayo.
La analista del PNUD advirtió sobre la urgencia de diseñar sistemas de protección social que cubran todo el ciclo de vida, priorizando desde la primera infancia hasta la tercera edad.
Actualmente, se utilizan datos del INE sobre pobreza multidimensional para ajustar políticas públicas que resuelvan carencias estructurales en servicios básicos como agua potable, saneamiento y gestión de residuos, que siguen siendo deudas históricas del territorio.
Informalidad y desesperanza en los sectores productivos
El informe también recoge percepciones ciudadanas que revelan una profunda desesperanza en la región, vinculada a la alta informalidad laboral.
Muchas personas trabajan jornadas extenuantes sin lograr una estabilidad que les permita planificar el futuro, lo que alimenta el descrédito hacia las instituciones públicas.
Valdez mencionó que la bancarización digital y la educación financiera son herramientas que están mejorando, pero que aún se requiere un enfoque holístico que combine formación técnica con empleos de calidad para revertir este sentimiento de entrampamiento económico.
Transparencia y gobernabilidad frente a la polarización
La estabilidad verdadera trasciende los indicadores macroeconómicos y debe impactar directamente en la microeconomía familiar, asegurando que los beneficios del desarrollo alcancen a los sectores más desprotegidos.
La entrevistada concluyó que se requiere propiciar espacios de diálogo que integren al sector público, la academia y el ámbito privado para alcanzar consensos mínimos de gobernabilidad.
De esta forma, la lucha contra la polarización política se vuelve una herramienta necesaria para sustentar un desarrollo humano que garantice calidad de vida y reduzca la inseguridad estructural en la sociedad paraguaya.


