Locales

La maestra que halló la fórmula para enseñar sin hacer diferencias

En Caacupé, una docente de primer grado trabaja con niños con trastorno del espectro autista (TEA) y otras condiciones desde el enfoque de Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA). Con empatía y vocación, Claudia va más allá de lo justo y necesario, y demuestra que la inclusión es mucho más que una palabra.

| Por La Tribuna
Semana del maestro- La profe Claudia es muy querida por sus alumnos y fue destacada por la Dirección Departamental de Educación de Cordillera. (Gentileza)

En el primer grado de la Escuela Básica N.° 201 “Teniente Gabriel Aquino”, de la ciudad de Caacupé, la jornada escolar es mucho más que una explicación fría y letras en una pizarra. Empieza con miradas, rutinas que incluyen silencios que dicen mucho y niños que aprenden cada uno desde su propio mundo, pero todos dentro de una misma sala.

Hay maestros que deciden dar la milla extra, es decir, ir un poco más allá de ese horario rutinario que la profesión les exige y capacitarse por amor a sus alumnos. Claudia Amarilla (43) es una de estas profes que hace un poco más de lo justo y necesario, y está convencida de que el esfuerzo vale la pena.

Enseñar desde otra mirada

Docente de uno de los niveles más fundamentales para los chicos: el primer grado, del cual deben salir leyendo, Claudia rompe también el arraigado prejuicio de que las escuelas públicas no ayudan a los chicos con trastorno del espectro autista (TEA) o síndrome de Down, que requieren de una enseñanza más paciente, que combine con la mirada diferente que ellos tienen del mundo.

A Claudia nunca le gustó que los chicos con TEA tengan “profe especial” o una escuela diferente y, en su búsqueda incansable para que todos sus estudiantes vayan al mismo ritmo, investigó sobre el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), un método de enseñanza que se está usando en la región, y que permite que tanto los niños neurotípicos como los neurodivergentes aprendan en igualdad de condiciones.

Chicos con TEA y Down ya están leyendo

Sus 18 años de experiencia y ocho años en esta institución le dieron el respaldo para tener hoy a su cargo a niños con TEA y con síndrome de Down, y, con orgullo, nos cuenta que a estas alturas del año ya están leyendo y escribiendo.

“Yo soy mamá también y me pongo en el lugar de los padres”, nos comenta en entrevista. Esa mirada empática con las mamás de sus alumnos marcó su forma de enseñar. Para ella la inclusión no es un mero discurso, sino una práctica diaria construida con paciencia y compromiso.

Nos detalla que ella no aparta a los chicos neurodivergentes con tareas diferentes, sino que usa el mismo planeamiento para todo el grupo, pero con recursos didácticos divertidos que involucran a todo el grupo. Y en esta combinación entre juego y enseñanza, los alumnos neurotípicos “tiran el carro” para ayudar a sus demás compañeros.

Antes de enseñar, su técnica es la observación. Genera confianza con los niños y reconoce sus fortalezas. Aunque algunos no hablan, todos encuentran su propia manera de aprender.

El trabajo cercano con las familias es clave. Padres y madres colaboran con materiales y refuerzan lo aprendido en el hogar. “A veces en la noche busco nuevas ideas para mejorar la clase de mis alumnos”, cuenta. Y es que su salón es un espacio vivo, donde las estrategias se ajustan a la medida de cada chico.

No busca el mérito propio, sino el avance de sus chicos

Su experiencia fue reconocida como práctica exitosa en jornadas docentes departamentales y nacionales de nuestro país, pero ella aclara que no lo hace por ganar méritos, sino por los chicos. Eso sí, recomienda a otros profes que están haciendo el mismo esfuerzo que ella, documentar sus trabajos, para así visibilizar las técnicas que sí funcionan y que estas les sean útiles a otros profes del país.

Claudia dice que su mayor pago es cuando un niño que no suele integrarse se acerca a darle un abrazo. Una tarea bien hecha por una nena que antes no completaba ninguna lección llena su día de alegría. “Ahí confirmo que voy por buen camino”, dice.

Pide al MEC materiales inclusivos

En un sistema que aún tiene desafíos pendientes, como falta de materiales didácticos inclusivos o ausencia de psicólogos en las escuelas nacionales, Claudia sostiene su trabajo con creatividad y vocación, creyendo fervientemente que sí es posible que la educación pública sea inclusiva.

En la semana del maestro, la historia de Claudia es un ejemplo silencioso pero contundente. Como ella, en Paraguay hay muchos maestros que enseñan no desde las letras, sino desde el corazón, entendiendo que todos los niños pueden aprender si se les da la oportunidad. Después de todo, estamos hablando de niños que tienen derecho a que todos creamos en ellos, sin diferencias.

También te puede interesar

Últimas noticias