
Hace 11 años, un viaje entre amigas cambió la vida de Leticia Peralta para siempre. Como periodista paraguaya que se había tomado vacaciones para conocer Grecia, no imaginaba que aquel paseo por Atenas sería el inicio de una historia de amor, migración y transformación personal.
Todo comenzó cuando viajó primeramente a Italia, a estudiar italiano por un mes. Durante esa experiencia conoció a otras paraguayas y juntas decidieron visitar Grecia para conocer sus paisajes, islas y playas. Lo que parecía un simple plan turístico terminó marcando su destino.
Fue en el aeropuerto donde conoció a Nikolaos Garyfallos, quien hoy es su esposo. “Fue de onda”, recuerda con una sonrisa. Él trabajaba en turismo y estaba esperando a otras personas. Intercambiaron redes sociales y comenzaron a hablar. Ella volvió a Paraguay y, tras seis meses de contacto a distancia, llegó la propuesta que lo cambiaría todo: “¿te animás a venir?”, le dijo Niko del otro lado de la línea, y ella quedó muda.
Dejó atrás una carrera profesional en Paraguay
“Vine solo por seis meses, con una beca para una especialización en periodismo, porque acá no podés venir a instalarte nomás”, cuenta. Sin embargo, su motivación también era personal: reencontrarse con ese vínculo que había nacido de manera inesperada y ver cómo avanzaba.
La decisión no fue fácil; en Paraguay tenía una carrera consolidada en televisión. Durante 10 años trabajó como periodista, entre 2006 y 2016, en un camino que le apasionaba. “Amaba mi trabajo”, afirma. Tras una introspección, el día antes de su cumpleaños número 32, emprendió el viaje que marcaría un antes y un después en su vida.
Cuando transcurrieron los seis meses de plazo que se había dado para conocer a Niko, llegó el día que debía tomar la decisión de quedarse definitivamente. “Recuerdo ese momento en el que decidí que no volvía, lloré por todo lo que dejaba: familia, amigos, idioma”, recuerda. Aun así, se permitió aventurarse. Sabía que siempre podía regresar, pero eligió quedarse.
Un concepto diferente sobre la edad
Adaptarse a Grecia implicó nuevos desafíos. Si bien el inglés le permitió desenvolverse al principio, aprender griego fue clave. “Ellos hablan rápido. Me tomó tres años poder hablar bien y hasta hoy cometo errores”, nos comenta. Sin embargo, destaca la actitud de los griegos: “Son tolerantes, buena onda, te ayudan”.
Hoy, con 42 años, asegura que en Grecia existe una percepción diferente sobre la edad. “En Latinoamérica muchas veces sentimos que después de los 30 ya somos grandes, pero acá la gente hace cosas que le apasionan a cualquier edad”, reflexiona.
Actualmente trabaja en el área de marketing. Aunque se alejó del periodismo como actividad principal, nunca lo dejó del todo: realiza colaboraciones y enlaces con medios de nuestro país y el canal de cable argentino C5N, y mantiene el deseo de volver a ejercer periodismo en español para Paraguay o Latinoamérica.
Un país en el que se vive bien, sin ostentaciones
En cuanto a la calidad de vida, comenta que Grecia no es un país “para hacerse rico, pero sí para vivir bien”. El turismo es uno de los principales motores económicos y ofrece oportunidades laborales, especialmente en temporada alta.
Nos cuenta que el día a día tiene sus ventajas. Se puede comer bien, salir los fines de semana y disfrutar sin que exista una gran diferencia entre cocinar o comer afuera. El transporte público es accesible y funciona bien, aunque tampoco es perfecto. Como aspecto negativo menciona el costo impositivo: se paga un 24% de impuestos sin posibilidad de deducciones.
La comunidad paraguaya en Grecia no es muy numerosa, y está compuesta por 160 personas. El 99 % son mujeres, y los encuentros se dan en fechas puntuales como la independencia o el Año Nuevo. En la vida cotidiana comparte más con la comunidad latinoamericana en general.
Hoy, después de una década en Grecia, la historia de Leticia nos inspira a creer que siempre vale la pena cambiar el rumbo, cruzar fronteras y empezar de nuevo, sin perder la esencia.


