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Ocupación plena en Santa María con el nuevo concepto de hotel pueblo

Con una propuesta basada en su gente y su identidad, Santa María de Fe se posiciona como el primer “hotel pueblo” del país. Con ocupación plena y lista de espera, ofrece una experiencia turística donde la comunidad es protagonista.

| Por La Tribuna
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Las noches de peña alrededor de la fogata son encantadoras, porque todos los pobladores se prestan para que los turistas se diviertan.

Una idea simple pero poderosa encendió una transformación inesperada: convertir a todo un pueblo en un hotel. Más que infraestructura, la propuesta apostó a su propia comunidad, que descubrió que su mayor valor está en su propia identidad.

Así, Santa María de Fe pasó de ser un destino tradicional a convertirse en una experiencia que todos deberíamos vivir. Tras dos años de capacitación, articulación y trabajo colectivo, el proyecto fue presentado oficialmente en enero y hoy muestra resultados contundentes. Registró ocupación plena durante Semana Santa, e incluso después de esta fecha especial, con visitantes provenientes de distintos puntos del país.

“Hoy estamos con 100% de ocupación de manera ininterrumpida y con lista de espera activa”, destaca el gerente del hotel, Milciades Mancuello, al referirse al impacto que tuvo la propuesta desde su lanzamiento.

Toda la comunidad es el hospedaje del visitante

El modelo, pionero en Paraguay, funciona bajo el concepto de “hotel pueblo”. Esto implica que no existe un único espacio de hospedaje, sino que toda la comunidad forma parte de la experiencia. Además del hotel local, las casas de familia abren sus puertas para recibir a los turistas, generando una interacción directa con la vida cotidiana del lugar.

“Lo más interesante es que todo el ingreso que se genera queda en la comunidad”, añade Mancuello.

Más de 55 pobladores y una docena de negocios fueron capacitados para formar parte de esta propuesta, que pone en el centro a las personas, la hospitalidad y la autenticidad. Aquí, el visitante no llega a un esquema armado, sino que se integra al ritmo del pueblo, compartiendo costumbres, relatos y tradiciones. “La idea es que el turista viva la experiencia desde adentro, no como espectador”, agrega.

Bajar decibeles y volver a lo esencial

La vivencia se construye a partir de los detalles. Desde disfrutar de la arquitectura colonial que caracteriza al lugar, hasta compartir un cocido quemado en el corredor escuchando el sonido de los pájaros. También se pueden realizar actividades como talleres de bordado con artesanas locales, iniciarse en el tallado en piedra o recorrer museos, iglesias y sitios históricos que reflejan la riqueza cultural de la comunidad.

La gastronomía es otro de los encantos del lugar. Platos típicos como vori vori, mbeyú o los guisos tradicionales forman parte de una propuesta que rescata sabores auténticos.

Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su enfoque sostenible. No se construyeron nuevas infraestructuras, sino que se puso en valor lo existente. Este modelo permite preservar el entorno, mantener intacta la identidad del lugar y, al mismo tiempo, generar un impacto económico directo en la comunidad.

Una forma genuina de viajar

“Este es un modelo de construcción cero, que cuida el entorno y fortalece lo que ya existe”, señala Mancuello.

Todo sucede dentro del pueblo y todo queda en el pueblo, fortaleciendo una economía circular que beneficia a sus habitantes.

Hoy en día el viajero ya no busca lo mismo, sino que quiere sorprenderse con algo genuino. Y este encantador pueblo misionero ofrece algo difícil de encontrar: una conexión real.

Santa María de Fe es una forma distinta de viajar, donde cada visita se transforma, inevitablemente, en una historia para recordar.

Más allá de los platos gourmet, la comida que se ofrece es autóctona y cargada de los sabores propios de ese territorio.
Más allá de los platos gourmet, la comida que se ofrece es autóctona y cargada de los sabores propios de ese territorio.

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