Rodeada del cariño de su familia y vecinos, Emiliana Coronel celebró sus 100 años con lucidez, gratitud y una vida marcada por la tranquilidad familiar. Cuando se le pregunta el secreto de su longevidad, su respuesta es simple: una vida tranquila y dedicada por completo a sus seres queridos.
Una elección que, a un siglo de su nacimiento, sigue dando frutos en forma de cariño y agradecimiento, memoria viva y serenidad. En tiempos de apuro y constante agitación, doña Emiliana ofrece una lección silenciosa: vivir despacio, rodeada de afecto y en paz.
El pasado domingo celebró su cumpleaños con una fiesta organizada por sus sobrinos, quienes hoy le retribuyen el cuidado y el amor que ella supo brindarles de joven. Nacida el 5 de abril de 1926 en Costa Rosado, en San Juan Bautista del departamento de Ñeembucú, Emiliana construyó una vida sencilla, centrada en su familia.
Aunque el destino no le permitió ser madre, encontró en sus sobrinos un vínculo profundo que con los años se fortaleció hasta convertirse en su mayor sostén emocional.
Hoy, instalada en la ciudad de Capiatá, se mantiene fuerte y lúcida. Recuerda con precisión fechas importantes, como los cumpleaños de sus sobrinos, y sigue disfrutando de la vida con entusiasmo. “Come de todo”, cuentan entre risas sus familiares, aunque ella no duda en señalar su debilidad: el tradicional vori vori.
Durante la celebración, no faltaron el asado ni la música. Un grupo de mariachis le rindió homenaje, arrancándole sonrisas y alguna que otra lágrima de emoción. Visiblemente agradecida, Emiliana compartió el momento con quienes la rodean día a día.
Sus sobrinos destacan que alcanzar los 100 años representa “una vida larga, llena de experiencias y aprendizajes”, y expresan la felicidad de tenerla aún con ellos. La mujer que alguna vez los cuidó hoy recibe ese mismo amor multiplicado.



