Desde una consola en el Centro de Control, el ingeniero paraguayo Hernando Gauto monitorea en tiempo real los sistemas que sostienen la vida de astronautas en órbita lunar. Su rol en la misión Artemis II lo ubica en una de las posiciones más sensibles de la ingeniería espacial actual, donde cada parámetro es decisivo.
Su recorrido hasta ese punto comenzó en Paraguay, cuando siendo niño comentó por primera vez el sueño de trabajar en el espacio. “Le dije a mi mamá que quería trabajar con cohetes y estrellas. Ella no me habló de límites, me dijo que tenía que estudiar y ser el mejor”, recuerda. Ese mensaje, sostiene, marcó la lógica de su carrera.
Radicado en Estados Unidos desde los 12 años, Gauto avanzó en su formación técnica hasta ingresar a la NASA, tras un proceso sostenido de postulaciones y especialización. En sus primeros años enfrentó escenarios de incertidumbre, como la cancelación del programa Constellation en el 2009. “En la NASA entendés que los presupuestos cambian, pero la meta de explorar sigue intacta”, señala para La Tribuna.
Su labor es vital para la misión
La responsabilidad de nuestro compatriota se centra en los sistemas de soporte vital, considerados críticos en cualquier misión tripulada, como por ejemplo la calidad del aire, la presurización y el suministro de agua. “Un fallo en los depuradores de CO2 es uno de los escenarios más delicados. Nuestro trabajo es prever y corregir antes de que ocurra”, explica.
La complejidad, añade, no radica solo en el diseño, sino en la integración, ya que miles de componentes deben operar como un sistema único.
El cambio clave en su carrera ocurrió cuando dejó de enfocarse en su rol técnico y comenzó a asumir decisiones que afectan la seguridad de la tripulación. “El liderazgo implica asumir que la decisión final y sus consecuencias son tu responsabilidad”, sostiene.
Durante el lanzamiento de Artemis II, Gauto estuvo en el Centro de Control siguiendo cada dato. Describe ese momento como una tensión constante, donde “un segundo sin comunicación se siente como una eternidad”. La confirmación llegó cuando la nave alcanzó una órbita estable y los sistemas operaron dentro de los parámetros previstos.
Durante los 10 días de misión, su equipo trabaja de forma ininterrumpida desde la Tierra. “Somos los ojos que cuidan que los astronautas respiren y tengan agua. Seguimos cada telemetría para anticiparnos a cualquier desvío”, detalla. La operación es continua, sin margen para errores.

“Siento que llevo la bandera en el traje espacial”
Gauto dimensiona el impacto de su trayectoria en términos más colectivos. “No lo vivo como un logro personal, sino como una prueba de que el talento paraguayo no tiene techo”, sostiene. “Siento que llevo la bandera en el traje espacial”, dice con orgullo.
En su rutina diaria, comentó que mantiene elementos de nuestra cultura. “El tereré no falta en mi escritorio, incluso en las reuniones de diseño técnico. También tratamos de mantener el idioma guaraní en frases sueltas con la familia y, por supuesto, una buena chipa cuando se puede”.
En el plano científico, la misión Artemis II forma parte de un proceso mayor que apunta al retorno sostenido a la Luna y a la preparación de futuras misiones a Marte. Según explica, los avances en energía y habitabilidad se desarrollarán con mayor fuerza en las próximas etapas del programa.
A los jóvenes ingenieros paraguayos les deja un mensaje directo y poco habitual: “Acostúmbrense a fracasar y a que les digan que no. Esta carrera es 90% errores y 10% soluciones”. Añade que el dominio del inglés y la búsqueda activa de oportunidades son condiciones básicas para competir en escenarios internacionales.
Mientras la misión sigue su curso, su tarea permanece enfocada en un objetivo concreto: garantizar condiciones seguras para la tripulación. La posibilidad de viajar al espacio, admite, existe como aspiración personal, pero hoy su prioridad es otra. “Mi misión es asegurar que los que van regresen sanos y salvos”, concluye.


