Un misionero paraguayo se encuentra actualmente en Kenia, África, desarrollando una labor evangelizadora, conviviendo directamente con comunidades locales, experimentando el cambio cultural y la adaptación a un entorno completamente diferente a su país de origen, Paraguay.
Se trata de Abel Garay, oriundo de Santa Rosa del Aguaray, quien inició este viaje hace aproximadamente dos meses. Su llegada al continente africano responde a un interés previo por conocer culturas tradicionales, en particular la del pueblo Maasai, con el que mantiene contacto desde hace varios años.
Según relató, el vínculo con miembros de esta comunidad surgió a partir de publicaciones en redes sociales realizadas en el idioma local. A partir de ese primer contacto, sostuvo una comunicación constante durante cerca de cuatro años, lo que finalmente derivó en la concreción del viaje.
Su misión es llevar mensajes de paz
Garay desarrolla en Kenia tareas de evangelización, centradas principalmente en la distribución de materiales con mensajes religiosos y en el acompañamiento a comunidades locales. Indicó que su objetivo es transmitir un mensaje de paz, en línea con su formación como misionero, actividad que ejerce desde hace una década en Paraguay.
Durante los primeros días, convivió directamente con integrantes de la comunidad Maasai, en asentamientos tradicionales conocidos como “manyattas”, viviendas construidas con barro, tierra y estiércol. Posteriormente, se trasladó a la ciudad de Narok, donde reside actualmente debido a las dificultades logísticas que implica permanecer de forma prolongada en zonas rurales.
El misionero describió en contacto con la Tribu 650 AM su experiencia como un “choque cultural importante”, tanto en las costumbres como en la alimentación. Explicó como ejemplo que en algunas comunidades aún se mantiene la práctica de consumir leche mezclada con sangre de ganado, hábito que forma parte de sus tradiciones.
La experiencia de conectar con otras personas
En cuanto a la comunicación, explicó que utiliza principalmente inglés y suajili (lengua bantú y lengua franca fundamental en el África Oriental), además de estar en proceso de aprendizaje del idioma propio de la comunidad Maasai que es el maa. En zonas donde no existe conectividad, recurre a métodos básicos como dibujos o gestos para interactuar.
Garay destacó la receptividad de la comunidad local, a la que describió como “amigable y sencilla”, lo que facilitó su integración. Incluso, afirmó que en algunos momentos llega a sentirse “como en casa”, pese a las diferencias culturales.
En términos de seguridad, indicó que no ha experimentado situaciones de riesgo en la zona donde se encuentra, aunque toma precauciones como evitar desplazamientos en solitario y contar con acompañamiento local.
Tras su regreso, documentará su experiencia
El misionero prevé permanecer en Kenia entre dos y tres meses más, aunque no tiene una fecha definida de retorno a Paraguay. Entre sus planes figura la elaboración de un libro en el que recopilará sus vivencias y el contacto con la cultura Maasai.
Paralelamente, documenta su experiencia a través de redes sociales, donde comparte contenidos que generan interacción principalmente con paraguayos en el exterior, así como con usuarios de otros países.
Finalmente, Garay explicó que uno de sus objetivos al difundir su experiencia es motivar a otras personas a concretar proyectos similares. “Es una forma de mostrar que se puede”, señaló, en referencia a quienes aspiran a realizar viajes o misiones fuera del país.


