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Estacioneros, guardianes de la fe y voces del patrimonio vivo del país

Cantos de lamento, faroles encendidos y una fe que atraviesa generaciones. Los estacioneros mantienen viva una de las tradiciones más profundas del Paraguay, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial Nacional y símbolo de identidad en Semana Santa.

| Por La Tribuna
Los estacioneros recorren comunidades con cantos de lamento que recrean la pasión de Cristo, manteniendo viva una tradición.

Los estacioneros son una de las expresiones más auténticas de la religiosidad popular del Paraguay. También conocidos como pasioneros, estos grupos integrados por hombres, mujeres, niños y jóvenes recorren calles, iglesias, instituciones y comunidades entonando cantos que evocan la pasión y muerte de Jesucristo.

Su nombre proviene de su recorrido “de estación en estación”, acompañando el viacrucis y recreando el camino de Cristo hacia el calvario. Con melodías profundas y melancólicas, interpretadas a capela en guaraní y español, conocidas como purahéi jahe’o, transmiten un mensaje de recogimiento y devoción que se mantiene vigente a lo largo del tiempo.

La tradición, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial Nacional por la Secretaría Nacional de Cultura, constituye un legado cultural que se ha transmitido de generación en generación, consolidándose como una manifestación que une fe, comunidad e identidad paraguaya.

Vestimenta, símbolos y ritual comunitario

Los estacioneros visten camisa blanca y pantalón o pollera de color oscuro, acompañados de bandas y fajas lilas o azules y gorros con una cruz, reforzando el simbolismo religioso de la representación.

Portan además cruces, faroles, estandartes y velas, elementos que iluminan su recorrido nocturno y recrean el clima solemne de la Semana Santa.

En cada hogar, las familias preparan pequeños altares con una imagen religiosa o una cruz, junto a velas encendidas para recibir a los pasioneros. Como gesto de hospitalidad, ofrecen chipa, panes y bebidas, que luego son compartidos por los grupos al finalizar el recorrido, fortaleciendo los lazos comunitarios.

Faroles, cruces y altares acompañan el paso de los pasioneros, en una manifestación de fe en torno a la Semana Santa.

Grupos vigentes que sostienen la tradición

La práctica de los estacioneros sigue viva en distintas localidades del país como Ñemby, Luque, Areguá, Itauguá, Tañarandy (Misiones) y barrios tradicionales de Asunción, donde diversas agrupaciones mantienen esta herencia cultural.

En Luque, el grupo “19 de Marzo” de la compañía 3 de Mayo, coordinado por Guillermina Zaracho de Castillo, lleva tres décadas de vigencia. Desde 1996 participan activamente del viacrucis del Viernes Santo en Tañarandy.

Actualmente cuentan con 25 integrantes, entre ellos niños y jóvenes que se suman a la organización, aunque su coordinadora advierte una disminución en la formación de nuevos pasioneros. Aun así, asegura que la fe y el legado heredado de sus padres son el motor que la impulsa a continuar.

También en la misma compañía se destaca el grupo “San José Esposo”, fundado en 2007 y hoy conformado por unas 30 personas. Su coordinador, Julio Marmolejo, resalta el carácter familiar de la agrupación y el orgullo de servir a la comunidad a través de esta práctica.

Además, menciona que son invitados por instituciones educativas para compartir el origen y significado de la tradición, extendiendo su valor cultural a nuevas generaciones.

En San Lorenzo, los estacioneros de la capilla San Antonio mantienen viva la tradición desde hace más de 30 años. Conformado por 12 voluntarios, el grupo promueve la participación de jóvenes, mientras que las familias del barrio colaboran en la elaboración de antorchas para ambientar las estaciones del viacrucis, en un trabajo colectivo que refuerza la identidad comunitaria.

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