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Asunción: la lluvia nunca es solo agua

Basta con que el cielo se ponga de ese color plomo pesado y el primer trueno retumbe en el centro para que a cualquier asunceno se le apriete el pecho.

| Por Arcano
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La última lluvia causó inundaciones en zona céntrica de Luque y otras ciudades.

No es miedo a la lluvia, es el instinto de supervivencia que se activa. En Asunción, cuando las nubes se cierran, la ciudad deja de ser nuestra y pasa a ser de los raudales, esos ríos salvajes que nacen del asfalto y no perdonan errores.

La trampa que fluye bajo las ruedas

Lo vemos siempre. En General Santos, el agua no corre, embiste. Lo que minutos antes era una avenida transitada se convierte en un brazo del río Paraguay que arrastra lo que encuentra a su paso. Lo mismo pasa en los límites con Fernando de la Mora, donde la pendiente transforma las calles en toboganes mortales.

Para el que va al volante, la tensión es total. Los nudillos se vuelven blancos apretando el volante porque el asfalto desaparece. Ya no manejás sobre una calle, manejás sobre un espejo oscuro que esconde trampas invisibles. Esos baches que ya conocemos de memoria, bajo el agua se transforman en cráteres rompe-ejes, pozos ciegos que esperan pacientemente a que una rueda caiga para sentenciar el viaje.

Si para el conductor es un calvario, para el que espera el colectivo es una tragedia silenciosa. Ver las unidades repletas pasar de largo mientras el agua te llega a los tobillos en una vereda del Mercado 4 es la imagen misma de la desprotección.

A esto se le suma el caos de siempre, pero potenciado. Los semáforos, como si fueran de papel, deciden “morir” al primer chispazo, dejando cruces peligrosos a la voluntad del más audaz o del que tenga el vehículo más grande. Entre el vapor de los parabrisas y el ruido del agua golpeando el techo, la ciudad se vuelve sorda y ciega.

La peligrosa costumbre de “ganarle” al agua

Pero hay algo más peligroso que la falta de desagüe pluvial: nuestra propia imprudencia. Tenemos esa cultura del riesgo, esa idea de que “yo paso igual” o “mi camioneta aguanta”. Intentar ganarle al raudal es una apuesta donde el premio es llegar diez minutos antes y el riesgo es perderlo todo, incluso la vida. No hay motor que valga más que la prudencia; si el agua ya cubre el cordón de la vereda, la batalla ya está perdida. Es mejor esperar que lamentar, cuando llueve, llegar sano a casa no es una cuestión de tráfico, es casi un milagro cotidiano

Mapa de Riesgo: Los “puntos rojos” de Asunción bajo lluvia

<b>1. La “Zona Cero”: Avda. General Santos y San Antonio</b>

Es quizás el punto más icónico y peligroso. La pendiente de las calles laterales descarga toda el agua en este cruce, creando un raudal con fuerza hidráulica suficiente para arrastrar camionetas enteras hacia el cauce del arroyo Ferreira. Si ves agua acumulada aquí, no intentes cruzar.

<b>2. El “Embudo” de la Terminal: Avda. Fernando de la Mora y la Victoria</b>

Cerca de la Terminal de Ómnibus, la Avda. Fernando de la Mora se convierte en un canal de navegación. El agua sube tan rápido que suele atrapar a conductores desprevenidos que creen que “todavía se ve el cordón”. Es una zona de baches profundos que quedan ocultos al instante.

<b>3. El Triángulo del Mercado 4: Avda. Perú y Artigas / Pettirossi</b>

El desorden propio de la zona se vuelve mortal con lluvia. Los desagües colapsan por la basura acumulada y el agua sube rápidamente sobre las veredas. Aquí el peligro no es solo el raudal, sino los cables sueltos y las bocas de tormenta sin tapa que se vuelven trampas mortales para los peatones.

<b>4. Avda. Eusebio Ayala y Boggiani</b>

Un punto crítico para quienes entran o salen de la ciudad. El raudal aquí es ancho y engañoso; parece que el auto puede pasar, pero la presión del agua contra el chasis suele apagar los motores, dejando a los vehículos varados en medio de la “laguna” que se forma.

<b>5. Avda. España y Sacramento / Venezuela</b>

Aunque es una zona de “clase alta”, la infraestructura no perdona. Las pendientes de las calles transversales convierten a la Avda. España en un río caudaloso que baja hacia el centro. Los raudales aquí tienen mucha velocidad y pueden desplazar autos estacionados.

Tener en cuenta los lugares en los días de acumulación de agua y evitar estos cruces que son verdaderamente un peligro para nuestra integridad y la vida

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