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Medias desiguales nos recuerdan que somos diferentes, pero igual de valiosos

En el marco del Día Mundial del Síndrome de Down, la campaña de las medias desiguales invita a visibilizar la diversidad y generar conciencia tanto en niños como en adultos. Un gesto simple que promueve la inclusión y ayuda a dejar atrás prejuicios.

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-Es necesario que el nacimiento de un bebé con síndrome de Down deje de ser “una terrible noticia”, nos dicen desde la Fundación Saraki.

Víctor tiene 6 años y una duda que lo inquieta. Antes de ir a la escuela, le pregunta a su mamá por qué ese día tiene que usar medias desiguales. Ella le explica que es una forma de celebrar que todos somos diferentes. Él escucha atento, pero, como es curioso, vuelve a preguntar. “Mamá, ¿qué es lo que tienen de distinto los niños con síndrome de Down?”.

La escena, simple y cotidiana, abre una conversación que muchas veces los adultos evitan o no saben cómo encarar. El síndrome de Down es una condición genética causada por la trisomía del cromosoma 21, lo que implica que las personas tienen tres copias de este cromosoma en lugar de dos. De ahí que el Día Mundial se conmemore cada 21 de marzo (21/03), una fecha cargada de simbolismo que invita a reflexionar.

Las personas con síndrome de Down, así como cualquier otra persona, trabajan en el mundo de la moda, el diseño y la actuación.
Las personas con síndrome de Down, así como cualquier otra persona, trabajan en el mundo de la moda, el diseño y la actuación.

Ser diferente está bien

En ese contexto surge la campaña de las medias desiguales, un gesto en todo el mundo. Usar medias distintas el 21 de marzo representa que ser diferente está bien y que la diversidad merece ser celebrada. Pero, además, funciona como disparador de conversaciones, como la que inició Víctor, que permite generar conciencia desde lo más cotidiano.

“Depende mucho de cada persona”, explica a La Tribuna Sol Montiel, directora de Desarrollo de la Fundación Saraki, al referirse a las capacidades y aprendizajes. Como ocurre con cualquier niño, hay quienes destacan en ciertas áreas y necesitan más acompañamiento en otras. Si bien es cierto que las personas con síndrome de Down tienen una discapacidad intelectual, su desarrollo está profundamente ligado al entorno, a las oportunidades y a la estimulación que reciben desde pequeños.

Sin embargo, los prejuicios siguen siendo una barrera. Persisten ideas como que “siempre serán niños” o que tienen comportamientos determinados por su condición, como que “son agresivos”. “En realidad, cualquier niño puede ser agresivo o tranquilo. No es algo que dependa del síndrome”, aclara Montiel. También insistió en la importancia de enseñar desde la infancia cómo convivir con la diversidad, con naturalidad y respeto.

Tienen una vida como todos nosotros

Lejos de los estereotipos, hoy muchas personas con síndrome de Down estudian, trabajan, forman pareja y construyen proyectos de vida propios. “No se quedan en una edad mental infantil. Son conscientes, tienen deseos, metas y personalidad”, afirma. En los últimos años, incluso, estas personas ganaron visibilidad en ámbitos como el cine, la moda y los medios, lo que contribuye a derribar barreras culturales.

El desafío no es solo social, sino también estructural. Desde la Fundación Saraki trabajan en la inclusión educativa, social y laboral, promoviendo capacitaciones tanto para personas con discapacidad como para empresas e instituciones. “Las organizaciones también deben estar preparadas para incluir”, señala Montiel.

Un 12% de la población tiene discapacidad

En Paraguay, los datos sobre discapacidad aún presentan vacíos, aunque un censo realizado en 2012 evidenció que cerca del 12% de la población vive con alguna discapacidad, una cifra mayor a la que se manejaba antes del 2012, cuando se decía que solo el 1% de la población tenía discapacidad. Este dato expone la necesidad de políticas públicas y recursos que acompañen esa realidad.

Usar medias de diferentes colores no es solo una consigna visual, sino una invitación a mirar al otro sin prejuicios y a construir una sociedad donde la diferencia no sea motivo de exclusión, sino de valor. Tal vez no haya una única respuesta para la pregunta de Víctor, pero podríamos explicarle que todo empieza por entender que somos diferentes y eso es bueno.

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