En Paraguay, la conmemoración del 8 de marzo revela desigualdades que aún persisten en la vida cotidiana de las mujeres. Según Rocío Galiano, del Fondo de Población de las Naciones Unidas, las tareas domésticas y de cuidado no remuneradas siguen recayendo de manera desproporcionada sobre ellas.
Preparar la mochila de los chicos, hacer la comida, limpiar la casa y lavar cubiertos son tareas que siguen siendo “invisibles”, principalmente para los varones, que dedican solo cuatro horas a la semana a estas labores, mientras que las mujeres invierten 14 horas semanales en las mismas labores.
Sin embargo, la representante nacional de la organización recordó que los quehaceres del hogar son horas de trabajo no remunerado que realizamos las mujeres. “Esas son horas que no se ven, pero que limitan la capacidad de muchas mujeres para acceder a ascensos o dedicar tiempo a sus carreras profesionales”, resaltó.
El desafío no es solo privado, advierte la especialista: “Hay una tarea pendiente del Estado: proveer guarderías y liberar tiempo para que el país pueda aprovechar toda la fuerza productiva de mujeres y hombres”.
Ingresos desiguales en el ámbito profesional
Datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes al cuarto trimestre de 2025, muestran otra faceta de la desigualdad. Iván Ojeda, director del INE, detalla que de las 3.297.000 personas ocupadas, el ingreso promedio de los varones es de G. 3.815.000, mientras que las mujeres con tareas equivalentes perciben G. 2.772.000.
El funcionario reveló también que pese a que las mujeres tienen más años de estudio que los hombres la remuneración no refleja la responsabilidad asumida.
El 8M es, así, una fecha para recordar los avances, pero también para visibilizar lo que nos falta; equidad salarial, reconocimiento del trabajo invisible y condiciones que permitan a mujeres y hombres participar plenamente de la economía.
La violencia, otra arista imposible de ignorar
Y en ese camino a ser más reconocidas en la sociedad, la violencia sigue siendo, lamentablemente, otra lucha que ellas llevan sobre sus hombros. Una vez que la persona se convierte en víctima de violencia es común que se sienta desorientada y no sepa siquiera a dónde acudir a denunciar. Muchos son los casos en los que las mujeres ni siquiera están seguras de si lo que están viviendo es violencia.
Es importante recordar que la violencia no es solo un golpe de puño. Si hay control a su celular o sus actividades, si hay insultos, si le prohíben salir o le hacen sentir miedo, eso ya cataloga como violencia.
Hoja de ruta para denunciar
El primer paso para denunciar es acudir a la Fiscalía más cercana o bien al Juzgado de Paz. Una vez en el lugar, deje su denuncia registrada, y no es necesario tener pruebas ni abogado. Nadie le puede cobrar por tomarle la denuncia. En el Juzgado de Paz deben darle medidas de protección urgentes para que el agresor se retire del hogar si es que comparte vivienda con este. No pueden exigirle que vaya primero a denunciar a la comisaría, deben proceder inmediatamente.
El tercer paso, ya con guía del fiscal, es que vaya a un centro de salud a pedir un diagnóstico médico en caso de tener lesiones. Por último, el juez debe fijar audiencia dentro de los siguientes tres días. No es obligatorio el careo con su agresor si usted siente miedo; puede ir un familiar o amigo a representarla. Si el denunciado no va a la audiencia, puede ser traído por la Policía.
Si primero prefiere averiguar su situación por teléfono, está disponible la línea 137 en forma gratuita, las 24 horas. También puede comunicarse al Whatsapp del Consultorio Jurídico Feminista para recibir orientación, al (0983) 217-273.


