Secundino Pérez, de 93 años, es el último hijo vivo de Juan Bautista Pérez, uno de los maquinistas del histórico Tren Lechero que unió San Lorenzo con Asunción desde 1894. Su testimonio rescata una parte esencial de la memoria histórica de la comunidad.
En el barrio Fátima de la ciudad de San Lorenzo, en una casa sencilla y silenciosa, vive Secundino Pérez. Tiene 93 años, escucha perfectamente, camina sin ayuda y a veces cocina. Está al cuidado de su sobrina Angélica Pérez, pero conserva una autonomía que sorprende. Cuando habla de su padre, la memoria se le ordena con precisión.
Y es que su papá, Juan Bautista Pérez, fue maquinista del histórico Tren Lechero, el ferrocarril que durante más de cuatro décadas unió San Lorenzo con Asunción y marcó el ritmo cotidiano de la ciudad. “Mi papá fue el maquinista más apreciado”, afirma Secundino, y agrega: “todos lo conocían”.
La jornada empezaba antes de que amaneciera. A las 2:00 am, Juan Bautista salía a pie de su casa hacia la estación para encender la locomotora a vapor y realizar el calentamiento de la máquina. El primer servicio partía alrededor de las cuatro. El silbato, largo y penetrante, se escuchaba desde distintos puntos del pueblo y avisaba a los pasajeros que era hora de acercarse.
El tren fue inaugurado el 9 de agosto de 1894 y conectaba la estación Belvedere, en Asunción, con San Lorenzo del Campo Grande. Contaba con coches de primera y segunda clase: el primero para pasajeros sin carga y el segundo para quienes transportaban mercaderías. Era habitual ver a las lecheras y horticultores viajar de madrugada rumbo al “Mercado Guasu”, capitalino.
El pitido que inspiró a Félix Pérez Cardozo
Aunque se lo conoce popularmente como “tren lechero”, no trasladaba únicamente leche. El apodo quedó instalado con el tiempo y fue reforzado por la célebre pieza “Tren Lechero” del arpista Félix Pérez Cardozo, quien, según la tradición oral, se inspiró en los bufidos y el traqueteo de la máquina que escuchaba desde la casa del poeta Pedro José Carlés. La melodía terminó convirtiéndose en una referencia inseparable del ferrocarril.
Secundino recuerda haber acompañado muchas veces a su padre desde la estación hasta la casa familiar. “Todos lo saludaban”, dice. Y es que la figura del maquinista imponía respeto, pues era el responsable de conducir una máquina pesada que los trasladaba a donde necesitaban viajar. La experiencia no se reducía al viaje, sino que era una forma de comunicarse con la capital.
Accidentes fatales involuntarios marcaron su vida
La vida ferroviaria también tuvo momentos difíciles. Juan Bautista debió presentarse en reiteradas ocasiones ante la comisaría porque personas que dormían sobre las vías fueron atropelladas por el tren. “No era su culpa”, aclara su hijo, pues era imposible detener el tren una vez en marcha sobre la vía. Aun así, siguió trabajando hasta el cierre del servicio en 1936, cuando la modernización del transporte marcó el final de una era.
Orgulloso, Secundino recuerda también a su mamá, María Josefa, de profesión costurera, quien sostenía el cuidado de los hijos en el hogar y también se caracterizaba por su solidaridad, ya que ofrecía comida y agua a prisioneros bolivianos que, tras la Guerra del Chaco, trabajaron en las vías del tren.
Pide rescate histórico y cultural
Secundino, que luego se dedicó a la administración de estancias y nunca tuvo esposa ni hijos, observa con atención los actuales proyectos de tren de cercanías. Cree que, más allá de la viabilidad técnica, existe un valor cultural que no debería perderse. “Fuimos el primer país en tener ferrocarril, cómo no vamos a tenerlo, sería bueno que se rescate al menos la historia”, reflexiona.
En agosto, Secundino recibirá un pergamino como ciudadano ilustre de San Lorenzo, pero él cuenta esto sin solemnidad. Más bien, su relato vuelve una y otra vez a la figura de su padre y a aquellas madrugadas en que el silbato del tren marcaba el inicio de su día. No siente nostalgia, sino que busca reforzar la memoria histórica. Sueña con que la generación actual recuerde que, durante décadas, una ciudad entera organizó su vida mediante rieles y vapor.

