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San Rafael: un refugio de dignidad donde el amor se vuelve obra diaria

La Fundación San Joaquín y Santa Ana es un proyecto que se desprende de la Fundación San Rafael con un fin noble y genuino: brindar un hogar a 19 mujeres y 22 varones de la tercera edad. En paralelo, la escuela “Pa’i Alberto” garantiza educación diaria a niños vulnerables de los bañados.

| Por La Tribuna
Carla Cerra (88), una de las integrantes del grupo de abuelitas, en compañía del voluntario italiano Mateo Zappi, quien la visita y le hace compañía.

Entrar al hogar de ancianas de la Fundación San Joaquín y Santa Ana es adentrarse en un espacio de dignidad y calor humano. Allí viven 19 mujeres y 22 varones de la tercera edad, desprotegidos, sin familiares cercanos. Cada uno es recibido con cuidado, respeto, cariño, atención médica y asistencia social constante.

Circula en la comunidad católica la anécdota de que el padre fue muchas veces contra la corriente de su mismo equipo y una vez llevó a tres ancianos a dormir a su casa, porque la administración del hogar le dijo que ya no había lugar. “Por la noche dormían en el domicilio del padre y durante el día regresaban al hogar con los demás adultos mayores”, recuerda Óscar Escobar, director de la fundación. Esa generosidad, la misma que caracterizó al padre Aldo Trento, marca hasta hoy la filosofía de los proyectos que el cura dejó como legado: responder siempre al llamado de la necesidad.

Chicos en las aulas y lejos de las calles

La educación también es un eje central en las obras que encaró el sacerdote. La Fundación San Rafael sostiene la escuela Pa’i Alberto, una bella infraestructura ubicada al lado de la clínica que cubre desde el jardín hasta el tercer año del Nivel Medio. Los alumnos son niños de los bañados y son llevados en transporte escolar todos los días en forma gratuita, pues el compromiso del padre Aldo fue asegurarles la educación. Los chicos vienen felices porque, para ellos, la escuela no solo es aprendizaje, sino que también asegura alimento, cuidado y les abre puertas a un futuro diferente.

La presidenta de la organización, Graciela Ascona, coordina la visión general, mientras cada obra tiene su propio director que asegura que la atención sea constante y de calidad.

Óscar Escobar nos explica que ninguna de las obras de la fundación fue planificada, sino que surgieron como respuesta a necesidades urgentes. Desde el hogar de ancianos hasta la escuela, pasando por la granja en Itá para pacientes recuperados, cada proyecto nació de un “sí” del padre Aldo, su característica marca de rebeldía y amor.

Abrazos, comida, pizarra y tiza

Estar en un hogar de ancianos lejos de la familia nunca es algo agradable. Pero en la Fundación San Joaquín y Santa Ana los abuelitos reciben atención médica, compañía, comida saludable y actividades que fortalecen su bienestar. En tanto, los niños de la escuela disfrutan de educación integral y alimentación diaria. Así se construye un círculo de cuidado que protege y enseña a quienes más lo necesitan.

“El padre decía que lo más increíble que hizo fue decir sí a Cristo, en cuanto al resto, nada es imposible”, recuerda Óscar Escobar. Por eso, cualquier donación que la gente pueda dar, ya sea un kilo de arroz o una hora de su tiempo, tiene un valor que va más allá de lo material.

El legado del padre Aldo Trento sigue vivo en cada anciano acompañado, en cada niño que cruza sonriente las puertas de la escuela, en cada abrazo que un visitante regala a una abuelita. En la Fundación San Rafael la caridad no es teoría; es práctica diaria, organizada, bella y transformadora.

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