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Sabor y memoria: el lambreado sigue conquistando paladares

En el Mercado Municipal de Itauguá, el lampreado, popularmente llamado lambreado, lleva décadas conquistando paladares y atrayendo visitantes de todo…

| Por La Tribuna
Las manos laboriosas son la mejor herramienta para garantizar que la mezcla quede uniforme y bien sazonada.

En el Mercado Municipal de Itauguá, el lampreado, popularmente llamado lambreado, lleva décadas conquistando paladares y atrayendo visitantes de todo el país e incluso del extranjero. Una receta con más de medio siglo de historia que se mantiene viva entre frituras, tradición y familia.

En la siesta del jueves, el calor era sofocante en los pasillos del Mercado Municipal de Itauguá. De ese que se pega a la piel y obliga a buscar sombra donde sea. Las horas avanzaban pesadas, y como si fuera poco, se había ido la luz. En los pasillos, el aire parecía no moverse, pero aún así, había hambre, y los comedores estaban llenos.

Entre platos servidos y conversaciones cruzadas, el aroma inconfundible de la fritura guió nuestro recorrido hasta el comedor Ña Dolores, donde estaba el protagonista y motivo de nuestra visita: el popular bocadillo típico de la ciudad, que atrae a turistas nacionales y hasta extranjeros.

En el Comedor “Ña Dolores”, Sonia Almirón de López (59) es heredera de esta sabrosa tradición culinaria. Sonriente y dicharachera, se mueve con naturalidad entre la cocina y las mesas. El local lleva el nombre de su madre, doña Dolores, fallecida hace ocho años, quien atendió el puesto durante casi medio siglo. “Mamá estuvo casi 50 años acá. El local ya tiene 60 años”, cuenta con orgullo. Tras su partida, Sonia y sus hermanos quedaron como administradores, pero fue ella quien tomó la posta al frente del comercio.

Su mejor propaganda, sus clientes

“Todos los comedores preparan este alimento”, aclara, para no ser desleal con la competencia. No es exclusividad de un solo puesto, sino una tradición compartida que da identidad al mercado. El lambreado se vende listo para comer y también en versión cruda, a G. 2.500 guaraníes la cucharada. “Por kilo no se vende”, explica Sonia, mientras atiende a clientes que llegan recomendados de boca en boca.

Porque así se hizo famoso: sin campañas ni carteles luminosos, sino por el comentario de quienes lo probaron. “Se lleva mucho, viene gente de otras ciudades, incluso desde el extranjero. Es una comida típica de Itauguá”, dice.

Intenso, casero e inconfundible

El lambreado es una torta frita a base de mandioca y carne de vaca, es uno de los platos tradicionales de Paraguay. Su nombre es una variante popular del término original, producida por la oralidad de los pueblos en los que se fue conociendo.

Así se prepara

Sonia detalla que primero se dora la carne con aceite y margarina, se agregan cebolla, perejil, verdeo, sal y comino; luego se incorpora el huevo batido, se forman las tortillas y se fríen hasta que queden doradas por fuera y suaves por dentro.

Mientras habla, el aceite chisporrotea, pero con su experiencia, logra que le salpique poco. “Igual, de alguna pequeña salpicadura de aceite no te salvás”, bromea sin mirar lo que hace, pues sus manos conocen el procedimiento de memoria. Afuera, en las mesas, hombres y mujeres almuerzan sin apuro, abanicándose con lo que encuentran.

Más que un plato, el lambreado es parte del paisaje cultural de Itauguá. Es herencia familiar, trabajo sostenido durante décadas, e identidad compartida.

Mientras salimos del mercado, con el olor a fritura impregnado, comprendemos por qué el lambreado no necesita publicidad: le alcanza con su tradición.

El resultado final son unos crocantes pastelillos que se pueden combinar con mandioca para un almuerzo calórico, apto para quienes quieren salirse un día de la dieta.

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