Cada 20 de febrero se recuerda el Día Mundial de la Justicia Social, que fue instaurado por Naciones Unidas en 2007, celebrado desde el 2009 y buscando poner el foco en las deudas pendientes que tienen los países con su gente: la pobreza, el desempleo, la exclusión y la desigualdad de género.
Para la edición de este año, el lema elegido es “Empoderando la inclusión: cerrando brechas para la justicia social”. La idea no es nueva, pero cobra fuerza en un contexto donde el trabajo informal y la falta de oportunidades siguen siendo una deuda pendiente en el mundo.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) viene insistiendo desde 2008 con su Declaración sobre la justicia social para una globalización equitativa, un marco que intenta ponerle freno a las desigualdades que genera la economía mundial.
El objetivo está directamente ligado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con metas concretas como el fin de la pobreza (ODS 1), la igualdad de género (ODS 5), el trabajo decente (ODS 8) y la reducción de las desigualdades (ODS 10).
La conmemoración busca la implementación de políticas públicas que formalicen el empleo y amplíen la protección social para los sectores más postergados en el día a día, con la gente que busca un trabajo digno o una oportunidad para salir adelante.


