Entrar al mundo laboral no siempre significa para los jóvenes paraguayos encontrar un empleo que les permita construir el futuro que imaginan. Muchos comienzan trabajando en condiciones informales, mientras buscan experiencia, mejores ingresos y una oportunidad que les ofrezca cierta estabilidad.
Los datos muestran esta realidad. En el 2025, el 89,4% de los ocupados de entre 15 y 19 años se encontraba en la informalidad. Entre quienes tenían de 20 a 24 años, la proporción era del 68,2%, mientras que entre los jóvenes de 25 a 29 años llegaba al 60%.
En comparación con el 2022, hubo una reducción de la informalidad en los tres grupos. Sin embargo, el acceso a un empleo formal todavía representa uno de los principales desafíos para quienes dan sus primeros pasos en el mercado laboral.
Entre los sueños y las responsabilidades
Detrás de estas cifras hay jóvenes que intentan abrirse camino mientras estudian, ayudan a sus familias o buscan independizarse. Para muchos, el primer empleo también representa una primera aproximación a responsabilidades que antes recaían en los adultos del hogar.
El ingreso sigue siendo un factor importante, pero las expectativas laborales también incorporan otros aspectos, como el ambiente de trabajo, las posibilidades de crecimiento, la motivación y el equilibrio entre la vida personal y laboral. Para esta generación, permanecer durante años en un mismo puesto ya no necesariamente representa la única idea de estabilidad.
No solo es conseguir un empleo
La transición hacia la vida adulta, por lo tanto, no se limita a conseguir un trabajo. También implica decidir qué estudiar, cómo sostenerse económicamente y qué proyecto de vida construir.
En ese recorrido, los jóvenes se encuentran con obstáculos como la informalidad, la falta de experiencia y la necesidad de generar ingresos, mientras buscan oportunidades que les permitan avanzar y construir un futuro con mayores posibilidades.


