La escuela paraguaya todavía conserva algo que los resultados educativos no deberían perder de vista. Para la mayoría de los estudiantes, las aulas son un espacio donde se sienten seguros y parte de una comunidad. Sin embargo, esa fortaleza convive con una gran dificultad para transformar esa experiencia agradable en un aprendizaje básico real.
Ayer, el ministro de Educación, Luis Ramírez, junto con otros expertos, presentó un análisis de los resultados de las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), con el objetivo de orientar las mejoras que Paraguay necesita en el ámbito educativo. En la oportunidad, se analizaron los desafíos y las oportunidades para nuestro sistema educativo.
Los resultados de PISA 2025, publicados en septiembre de este año con base en exámenes tomados el año pasado, muestran que el 93% de los estudiantes se sienten seguros en su sala de clase y el 88% tiene sentido de pertenencia a su institución. Por otra parte, el 69% considera que la escuela le enseñó cosas útiles y el 71% dice que disfruta aprender cosas nuevas. En definitiva, en el informe no aparece un rechazo hacia el aprendizaje.
El panorama cambia cuando se mide qué pueden hacer los estudiantes con los conocimientos adquiridos. Solo el 24% alcanza el nivel básico en comprensión lectora, mientras que en Matemáticas solo el 10% tiene capacidad de resolver problemas básicos, y en Ciencias, el 24% puede explicar un hecho científico. En competencias digitales, apenas el 14% alcanza la capacidad de desarrollar un programa básico.
El contexto también pesa. El 59% de los estudiantes reportó haber faltado al menos una vez a clases en las semanas previas a la evaluación de PISA, mientras que el 28% dijo haber vivido situaciones de acoso o ciberacoso. A esto se suma la distracción con dispositivos digitales. Quienes utilizan celular obtuvieron, en promedio, 11 puntos menos en las pruebas de Ciencias.
La evaluación incluyó a más de 760.000 estudiantes de 15 años en 91 países. En Paraguay participaron 6.510 estudiantes de 293 instituciones.
Los datos plantean así un desafío que va más allá del rendimiento. El sistema tiene el reto de sostener a la escuela como espacio de seguridad y pertenencia, pero también de fortalecer las condiciones para que ese vínculo se traduzca en comprensión lectora, pensamiento crítico y aprendizajes que acompañen a los jóvenes dentro y fuera del aula.


