Hay calles de Asunción que llevan consigo algo más que un nombre. Al pasar por ellas, quizás pocos imaginan que detrás de ese cartel se encuentra la historia de un hombre que atravesó algunas de las batallas más duras de la Guerra de la Triple Alianza.
Una de ellas es Cala’a, denominación con la que se recuerda al coronel Manuel Antonio Giménez, un militar paraguayo nacido en Yuty en 1827 y reconocido por su valentía en el campo de batalla.
La calle fue nombrada por la Ordenanza N.º 649 de 1942. Es la quinta vía paralela al sur de la avenida Carlos Antonio López, anteriormente conocida como calle 9. Nace junto al costado sur del Club Deportivo Sajonia y se extiende hacia el este hasta la avenida Doctor Juan León Mallorquín y la calle Antonio Ruiz de Arellano, atravesando los barrios Sajonia y Carlos Antonio López.
Pero la historia de Cala’a se remonta mucho más atrás. Giménez ingresó al ejército en 1845 y años después sirvió bajo las órdenes de Francisco Solano López en la guarnición de Pilar. En 1861 fue destinado al Piquete de Dragones de la Escolta Presidencial, unidad que posteriormente se convirtió en Regimiento Escolta.
Destacado en la batalla de Sauce
Con el inicio de la guerra fue enviado al sur y comenzó a destacarse por su coraje. En la batalla de Sauce, incluso después de ser herido, permaneció combatiendo.
Uno de los episodios más difíciles de su trayectoria ocurrió en Curuzú, en septiembre de 1866. El batallón 10, de unos 2.500 hombres y bajo su mando, fue sorprendido durante el ataque brasileño. Muchos de sus integrantes abandonaron la posición y la reacción de Francisco Solano López fue severa. Cala’a fue degradado a sargento y se ordenó el fusilamiento de cada número diez entre los sobrevivientes.
Aun así, su historia no terminó allí. Al año siguiente volvió a combatir en Tuyutí y fue nuevamente herido durante el asalto e incendio del campamento aliado. Otra vez se negó a ser evacuado.
Una historia de resiliencia
Por su actuación recibió la Orden Nacional al Mérito y, antes de morir en enero de 1868 en el Hospital de Paso Pucú como consecuencia de sus heridas, había recuperado su grado de teniente coronel.
Hoy, cada vez que alguien recorre la calle Cala’a, atraviesa también un pequeño capítulo de la memoria paraguaya. Su nombre mantiene presente la historia de un hombre que, aun después de uno de los momentos más duros de su carrera militar, volvió al campo de batalla.


