Ana Laura Almirón Riquelme, conocida cariñosamente como Anita, tenía seis años cuando murió, el 10 de abril de 2013, después de esperar durante aproximadamente un año y siete meses un corazón compatible para un trasplante. Su historia, sin embargo, no terminó con aquella despedida.
Anita nació el 2 de junio de 2006 y vivía en Mariano Roque Alonso junto a sus padres y su hermana. Era una niña alegre, cariñosa, amante de las matemáticas y con toda una vida por delante. En 2011, cuando tenía cuatro años, comenzó a presentar dificultades para respirar y perdió peso. Los estudios detectaron una miocarditis dilatada que había debilitado gravemente su corazón.
Dio dio vida a otros
La espera fue dura. Tomaba más de nueve medicamentos al día, debía controlar sus líquidos, atravesó internaciones y tratamientos, e incluso viajó a São Paulo para recibir atención especializada. Mientras tanto, la campaña “Un corazón para Anita” llevó su historia a miles de personas que comenzaron a rezar por ella.
El corazón que necesitaba nunca llegó. Pero, en medio del dolor, sus padres autorizaron la donación de sus córneas. Gracias a ese gesto, dos niños recibieron el don de la visión.
Una historia que motivó a decidir
La historia también inspiró decisiones de otras familias y ayudó a generar conciencia sobre la importancia de donar órganos. Cinco años después de su muerte, fue promulgada la Ley N.º 6170/2018, conocida como Ley Anita, que establece que toda persona mayor de 18 años es considerada donante después de su fallecimiento, salvo que haya expresado formalmente su oposición.
Este 11 de septiembre se recuerdan ocho años de la publicación de la norma y, el 12 de septiembre, Paraguay conmemora el Día Nacional del Donante de Órganos y Tejidos.
Anita no recibió el corazón que esperaba, pero su historia terminó movilizando el corazón de todo un país.


