La última lluvia volvió a dejar al descubierto una postal que Ciudad del Este ya conoce demasiado bien. El miércoles, las calles del microcentro se convirtieron nuevamente en “ríos de basura”, con residuos de todo tipo arrastrados por los raudales desde la zona alta hacia la avenida Luis María Argaña.
Las imágenes se viralizaron rápidamente en redes sociales y volvieron a poner en el centro de la discusión una pregunta que la Municipalidad sigue sin responder: ¿cuánto tiempo más deberá esperar Ciudad del Este para contar con una gestión eficiente de sus residuos y un sistema de desagüe pluvial que funcione?
Esteños están hartos
Los comentarios de los internautas reflejaron el hartazgo ante una situación que dejó de ser una sorpresa cada vez que llueve. “Nunca vi una ciudad en ningún país tan mugriento, qué desastre la ciudad así”; “India del Este”; “en lugar de abundante lluvia deberían titular abundante basura”; “qué mugrientos” y “¿llueve agua o basura?” fueron algunas de las reacciones al video difundido por “Pronóstico Litoral”.
El problema no apareció con la tormenta del miércoles. Es una deuda que la administración municipal arrastra desde hace años y que, lejos de encontrar una solución definitiva, vuelve a hacerse visible con cada temporal.
Las administraciones de “Yo Creo” llevan siete años al frente de la comuna. Primero estuvo Miguel Prieto, hoy destituido; luego su mano derecha, Daniel Pereira Mujica, quien busca continuar en el cargo con el mismo esquema en las elecciones del 4 de octubre; y actualmente Pedro Acuña ocupa la intendencia de manera interina.
Recolección es insuficiente
En todo este tiempo, uno de los principales puntos de generación de residuos de la ciudad sigue sin una respuesta acorde a sus necesidades. El microcentro concentra comercios, mesiteros y miles de personas que circulan diariamente, pero la recolección no responde al volumen de desechos que genera la zona.
Tampoco existe un control para hacer cumplir las ordenanzas ni un esquema diferenciado de limpieza que permita evitar que las calles terminen convertidas en un basural permanente.
El resultado es evidente. Cuando llega una lluvia fuerte, los residuos acumulados encuentran en los raudales un camino directo para recorrer las calles. La falta de desagüe pluvial agrava todavía más el problema y deja expuesta una infraestructura urbana que tampoco encontró solución durante estos años.
Una postal que expone la inoperancia
La limpieza realizada por los funcionarios municipales termina siendo insuficiente frente a un sistema que no logra prevenir la acumulación de residuos. No se trata solamente de limpiar después de cada tormenta, sino de contar con una gestión capaz de evitar que la ciudad llegue nuevamente a este punto.
Después de siete años de administraciones de “Yo Creo”, la escena vuelve a repetirse. Lluvia, basura y calles convertidas en raudales. Una postal que expone, más que cualquier discurso, una deuda de gestión que sigue sin saldarse.


