Hay lugares que no necesitan grandes carteles para llamar la atención. La compañía Naranjo, en la ciudad de Piribebuy, es uno de ellos. El camino de tierra, los árboles, las serranías y las formaciones rocosas van anunciando, poco a poco, un destino diferente a los circuitos más conocidos de Cordillera.
Uno de sus principales atractivos es el cerro Naranjo, al que se puede llegar por caminos que pasan por las compañías Capilla Cué o Itamorotĩ’i. Para quienes disfrutan de caminar y explorar, la subida está señalizada y conduce hacia un paisaje donde las piedras y la vegetación son parte de la experiencia.
En la zona también se encuentra el Cerro Kua, una formación rocosa que llama la atención por una abertura natural en la piedra, además de arroyos y espacios que invitan a detenerse, respirar y contemplar el entorno.
Un pueblo emprendedor
Llegar hasta Naranjo también significa adentrarse en una comunidad donde el paisaje está estrechamente ligado al trabajo de sus pobladores. La producción lechera forma parte de esa identidad. Allí funciona una fábrica de quesos artesanales que aprovecha la materia prima proveniente de tambos de la zona; una inspiradora muestra de cómo la actividad productiva también puede convertirse en parte del atractivo turístico.
El recorrido hasta la compañía ya ofrece su propia recompensa. Desde el centro de Piribebuy se debe tomar la ruta que une esta ciudad con Paraguarí y avanzar unos 10 kilómetros hasta el acceso a Naranjo. Desde allí, aproximadamente 5,8 kilómetros de camino de tierra atraviesan un paisaje rural que invita a bajar la velocidad y mirar alrededor.
Dónde hospedarse
Para quienes quieran quedarse más tiempo, existen opciones de hospedaje en los alrededores. Entre ellas figuran la posada Don Alci (0982) 818-189, La Casita de Piri (0976) 455-000, Oasis de Paz (0981) 420115; Los Marianos (0982) 261-869, La Soñada (0971) 184-217; Paisajes de Piribebuy (0994) 843-024; Paraje del Arroyo (0984) 301-317; Providencia (0981) 279-937, entre muchas otras.
Naranjo es, en definitiva, una invitación a conocer otra cara de la Cordillera. Una donde el paseo no se mide solamente por la cantidad de lugares visitados, sino por el tiempo dedicado a caminar sin prisas, mirar las serranías, conocer el trabajo de quienes viven allí y dejarse sorprender por un paisaje que todavía conserva el ritmo tranquilo del campo.


