En los nuevos tiempos, ya no se trata solamente de producir y vender. Para las familias de la agricultura familiar, el desafío está en transformar lo que sale de la finca, mejorar su presentación y encontrar consumidores dispuestos a pagar por un producto con valor agregado. Esa apuesta se refleja en el Mercadito Gourmet, un evento que fue habilitado en la Costanera de Asunción el jueves y viernes últimos y que reunió a una gran cantidad de compradores.
La propuesta reunió alimentos artesanales, productos procesados y elaboraciones que apuntan a nuevos segmentos del mercado. Quesos, carnes, embutidos, yerba mate, miel, mermeladas, pastas sin gluten, harinas de hortalizas, kéfir, salsas y otros productos forman parte de esta nueva vitrina de la producción familiar, en la que los jóvenes fueron los protagonistas.
Los jóvenes les ponen una impronta especial a los productos
El ministro de Agricultura y Ganadería, Carlos Giménez, señaló en entrevista con La Tribuna que los jóvenes están teniendo un papel importante en esta transformación. “Son los hijos y nietos hoy en día los que investigan e incorporan a los productos esa impronta diferente para vender mejor”, afirmó. Según explicó el funcionario, de las 49.000 familias asistidas hoy por el MAG, unas 11.000 incluyen a jóvenes.
La creatividad como valor agregado
Para Giménez, ese aporte también permite que los conocimientos familiares encuentren nuevas formas de comercialización, siguiendo el camino de la creatividad. “Ellos también ayudan a sus papás, abuelos, que por ahí no tenían ese colorido en sus productos y le dan un nuevo impulso a sus pequeñas industrias”, sostuvo.
En esta primera edición participan 30 productores y 30 comités de los departamentos Central, Ñeembucú, Paraguarí, Presidente Hayes, San Pedro y Cordillera, agrupados en 10 organizaciones. La iniciativa beneficia directamente a más de 150 familias rurales y busca que sus productos puedan pasar de la finca a la mesa con una presentación capaz de competir por nuevos compradores.

